La crudeza pesca en el río Itaya: comentario a la novela «Ante los ojos de la noche»

Escritor iquiteño Patrick Pareja Flores ambienta su novela corta en Belén. Es protagonizada por dos mujeres.

Portada de «Ante los ojos de la noche» del novelista iquiteño Patrick Pareja Flores.

Portada de «Ante los ojos de la noche» del novelista iquiteño Patrick Pareja Flores.

12:46 | Lima, may. 14.

Escribe: José Vadillo Vila

En la novela de Patrick Pareja Flores, «Ante los ojos de la noche», la esperanza es una sustancia que se escurre de entre los dedos. Es como un bufeo que nos juguetea desde el río para luego desaparecer entre sus aguas.

La realidad, aquí, es siempre amenazante, violenta, chismosa, y su mejor metáfora son los ojazos y panzotas de los sapos, anfibios feos que parecen burlarse de los hombres y mujeres con los que conviven a orillas del contaminado río Itaya. Los sueños están resignados a morir sobre colchonetas viejas rescatadas de algún tiradero. 

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La novela corta está ambientada en la periferia del distrito de Belén (zona urbano-rural iquiteña siempre mencionada por la oferta turística no convencional). 

Sus páginas nos permiten ingresar, desde las orillas de la ficción, a la marginalidad en la amazonía, a través de la historia de dos mujeres (Darlin y Meri). A su vez, ambas historias se entretejen, y abren y cierran la década de los noventa. 

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Bajo la mirada de Patrick Pareja Flores (Iquitos, 1985), aunque los personajes remen y remen para alejarse, los habitantes de las casuchas de Nuevo Liberal parecen atrapados en el tiempo, olvidados -salvo en campañas electorales- y cuya situación seguirá inalterable en su pobreza extrema ayer, hoy y medio siglo después. 

El acierto del autor trabaja es que no trabaja desde lo pintoresco sino desde la comprensión de la idiosincrasia amazónica, lo que otorga hondura a sus personajes (Adelí, Bronco, Darlin, Angie, Meri, Lucio, Fede) y sus acciones. 

Están los pájaros mal agüeros, las premoniciones, el mal de ojo, el mito de los bufeos, los usos tradicionales de las plantas, el machismo, la inacción policial, las variedades de pescados, la sabrosa cumbia, etcétera. A todo ello se suma el chisme: los ligeros tabiques que separan las covachas hacen que la privacidad sea una convención casi inexistente. 

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¿Puede haber poética en la miseria, en la urgencia permanente, en la falta de esperanza? ¡Cómo no! El autor trabaja algunas escenas y monólogos internos, con un lenguaje poético que permite escapar de la chatura de la realidad. 

Otra veces, Pareja Flores narra con una crudeza que llaga. Una descripción exquisita que pone bajo los reflectores este inframundo. El autor desarrolla su conocimiento sobre sus personajes marginales, casi fantasmales; la noche iquiteña del lado B que conoce de memoria; mercados y avenidas se transforman de noche en espacios de tráfico de cuerpos, de libertinaje, de delincuencia. Sus bares de mala muerte son espacios siempre de fiesta, ruidosos, bailables, a donde muchas mujeres llegan como único lugar que les permitirá poder sobrevivir. 

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Hay términos del regionalismo peruano amazónico que el lector de otras regiones no comprende. Por ello, el autor ha recurrido al pie de página, para explicar términos como, por ejemplo: tarrafa (tarraya), ronsapas (abejas), brashicos (brasileños). 

Pero es una herramienta con la que no satura: el autor y el editor las usan en contadas ocasiones. Otros términos, se comprenderán del contexto. Me gusta, personalmente, la sonoridad de «chobearle», que significa agarrarle de los cabellos a una persona; y el uso iquiteño de la «erre», en «harraganería». 

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Las descripciones detalladas de los escenarios y las acciones nos recuerdan que la pobreza extrema no es la única preocupación que se bambolea entre las covachas sobre el río Itaya, sino que atrae otras problemáticas. 

Ante los ojos del lector, la precariedad estremece. Uno se encuentra con emociones encontradas frente al río Itaya, que se vuelve una paradoja. Por un lado, es un espacio que se usa de desagüe, con sus orillas convertidas en basurales. A la vez, sigue siendo una corriente viva: el Itaya aún degradado por sus habitantes, es la salvación para ellos, la única fuente de alimentos para muchos.

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En «Ante los ojos de la noche» hay un trasfondo político, pero es oblicuo. Vemos cómo la actividad política influye en la vida de anónimos personajes que también, desde la marginalidad, tienen pasiones políticas, aunque la defensa de sus ideales no sea desde el mundo de las ideas sino desde la violencia: cualquier punto de vista distinto se salva a gritos o a trompadas. 

Este peso político de la década de los noventa permea la novela, pero muchas veces se pierde. Como en la vida cotidiana: en la novela, la política solo interesa a sus personajes por periodos intermitentes, limitado a ciertos contextos; luego, volvemos a la lucha diaria, a buscar darle algún sosiego a nuestras cuitas y tratar de sobrevivir entre sapos y un río herido de hombres.   

Ficha:
Pareja Flores, Patrick. «Ante los ojos de la noche» (Lima, Animal de invierno, 2026). Pp. 129.

(FIN) JVV/JVV
JRA


Publicado: 14/5/2026