Instituto Nacional de Salud del Niño cumple 80 años de atención a los más pequeños

11:40 | Lima, nov. 05 (ANDINA).

Pocos saben que gracias al impuesto a la cerveza se pudo lograr la suma de 172 mil 806 libras peruanas, lo que posibilitó, a inicios del siglo pasado, la construcción, equipamiento y mantenimiento de lo que es ahora el Instituto Nacional de Salud del Niño, ubicado en la cuadra siete de la avenida Brasil.

Hoy, 80 años después, la historia parece repetirse. Si bien no habrá un nuevo tributo para su edificación, sí existe un invalorable esfuerzo para iniciar, en estos días, la construcción de un modernísimo edificio en el distrito de San Borja, con una inversión de 220 millones de nuevos soles del erario nacional, que incluye su equipamiento.

El nuevo inmueble, sin embargo, no obligará al cierre del histórico hospital del distrito de Breña. Por el contrario, ampliará su cobertura a cirugías de más alta complejidad, como trasplantes y enfermedades cardiovasculares, y se dedicará a la investigación y a la docencia.

“El edificio que actualmente tenemos quedó obsoleto, no permite intervenciones que requieren de ambientes extendidos (juntos), como la que presentará el moderno hospital”, explica el médico Roberto Luis Shimabuku, el director número 32 de ese importante hospital nacional.

Para el nuevo nosocomio, ubicado en el cruce de las avenidas Rosa Toro y Javier Prado, se destinó un área de 15 mil metros cuadrados, mientras que otros 10 mil serán para áreas verdes.

“Contará con un máximo de ocho pisos y ya tenemos adjudicados tres ambulancias de tipo III, que son las más avanzadas”, sostiene el galeno al recordar que la construcción del moderno hospital para niños es una iniciativa del Presidente de la República, que surgió tras su visita al actual nosocomio en 2007.

En ocho décadas, este hospital registró hasta cinco nombres. El 1 de noviembre de 1929 fue inaugurado como Julia Swayne de Leguía, nombre que se impuso en homenaje a la esposa fallecida, diez años atrás, del entonces presidente de la República, Augusto B. Leguía.

“La inauguración ocupó las primeras planas de los periódicos. El 50% del impuesto a la cerveza había servido para pagar el préstamo del dinero para la construcción del hospital y el otro 50% se destinó al sostenimiento de la obra”, recuerda el doctor Augusto Bazán Altuna, ex director (1982-1985) y hoy consultor ad honórem de ese nosocomio.

Nueve meses después, en 1930, tras estallar la revolución de Arequipa y producirse la salida del presidente Leguía, la Junta de Gobierno decide ponerle el nombre de Hospital del Niño. En 1983, asume la denominación de Instituto Nacional de Salud del Niño; siete años después (1990) le retiran el “Nacional” y queda en Instituto de Salud del Niño.

En 2006, el nosocomio pasa a ser el Instituto Especializado de Salud del Niño y luego vuelve a Instituto Nacional de Salud del Niño.

Desarrollo

El hospital de la avenida Brasil tiene 11 mil 872 metros cuadrados y fue edificado para 250 camas. Sus puertas se abrieron al público el 2 de enero de 1930, después de cuatro años de trabajo. Contaba con 12 médicos y solo siete pacientes.

Desde entonces, muchas cosas han pasado. La polio y la viruela desaparecieron y el sarampión está prácticamente erradicado del país; hoy sus profesionales tienen nuevos retos que vencer: la influenza A/H1N1 y la detección temprana del cáncer y del VIH/sida, que no respeta a los niños.

Los significativos logros del hospital bien podrían apreciarse en cifras si se tiene en cuenta que hace 80 años la mortalidad infantil en el país era del 30% y hoy es de solo 3%. “Hay un impacto importante del esfuerzo y profesionalismo del personal médico, del avance de la medicina, de su equipamiento y tecnología”, destaca Shimabuku Azato.

Mientras antes la atención era de decenas y hasta centenas, hoy superan los mil pacientes ambulatorios (externos) diarios, 500 hospitalizados y más de 100 casos cada jornada en emergencia.

Modernización

Sin duda, con el incremento en la atención a pacientes también surgieron nuevas especialidades. De los tradicionales consultorios de medicina, cirugía, traumatología, odontología, otorrinolaringología y enfermedades infectocontagiosas, se ampliaron sus servicios a cirugía de cabeza, cardiovasculares, neurología, reumatología, genética y nefrología (riñón), entre otros.

En la actualidad, el Instituto Nacional de Salud del Niño cuenta con más 30 servicios especializados pediátricos y la invalorable colaboración de 200 voluntarias, que por turno entregan parte de su tiempo para brindar desayunos gratuitos a los pacientes y sus familiares.

Posee, asimismo, un albergue para que los familiares de los pacientes del interior del país con escasos recursos económicos puedan hospedarse sin problemas.
En el presente año, el hospital renovó su equipo de cocina, lavandería, ventiladores y monitoreo de cirugía cardiovascular. Además, adquirió un arco “C” (equipos de rayos X).

Historia

En la construcción del hospital ubicado en Breña son varias las personas que intervinieron para que el sueño se haga realidad. Una de ellas fue doña Juana Alarco de Dammert, posteriormente llamada “La abuela de los niños”, de la Sociedad Auxiliadora de la Infancia, y otras personalidades de diversas entidades públicas y privadas.

El director del hospital destaca la especial gratitud a las Carmelitas Descalzas, que por varias décadas laboraron a favor de los infantes con problemas de salud. Resalta, igualmente, la entrega y confianza de los trabajadores médicos y no médicos.

Bazán (hoy con 93 años) y la doctora Armidas Quiñones Guzmán (de 82) dejaron el Servicio de Quemados hace muchos años, pero el cariño a la profesión los motiva a seguir sirviendo. Ambos aportan sus conocimientos a la nueva generación de médicos.

“El servicio tenía 60 camas para las cirugías de todas las especialidades y no se sabía el tratamiento idóneo para el paciente quemado, que hoy es anestesiado”, recuerda. Un convenio con la Universidad de San Marcos y un proyecto de Estados Unidos permitieron la producción de plasmas para proteger la piel quemada y bajar tremendamente la mortalidad.

En 1985, descubren que una alimentación integral dentro de las 48 horas, y no recién al tercer día, ayudaba en la recuperación del paciente. Años después, él mismo descubre que la piel del cerdo ayuda temporalmente al paciente quemado.

La pediatra Quiñones, por su parte, tiene el orgullo de ser la primera mujer médico con especialidad (neurología pediátrica) y ser parte integrante de la primera junta directiva de la Asociación Médica Femenina. “No sentí la discriminación por ser mujer, en todo caso no me di por enterada”, comenta. Ambos han sido reconocidos dentro y fuera del hospital por su invalorable labor en pro de los niños desvalidos.

(FIN) DOP


Publicado: 5/11/2009