Escribe: José Vadillo Vila¿Cuáles son las características que definen al vals hecho en el Perú? En el libro “El vals peruano” (Lima, Universidad Católica San Pablo, 2025), el maestro Augusto Vera Béjar nos explica, de manera didáctica, que el vals criollo que cantamos a todo pulmón en estas fechas de Fiestas Patrias, se distingue del vals vienés, primero, porque el nuestro tiene letra.
De otro lado, Vera Béjar recuerda que cuando hablamos del vals peruano no debemos de olvidar a un grupo de “valses precursores”, que se escribieron en el siglo XIX fuera de Lima. Se trata de creaciones de compositores y compositoras de Arequipa, Cusco y Puno. Son valses instrumentales, escritos para tocarse en las teclas blancas y negras del piano.
“El vals criollo no sería tal sin estos antecedentes musicales”, advierte Vera Béjar. “El vals no nació en el Perú, por supuesto; tiene sus antecedentes en Europa, en el siglo XVIII. Y en el siglo XIX llegan esos valses al Perú y aquí se componen también pero para piano. No estaban hechos para cantar, tampoco para bailar, porque aquí cambia a un ritmo más lento. Son valses para ser tocados”, explica.
Nacionalicemos el vals
Sin embargo, en el Perú de esos años se bailaba la jota, la polca, danzas que también aportarían a las peculiaridades del vals con pasaporte peruano.
“El historiador Jorge Basadre ha dicho que el siglo XIX corresponde a la nacionalización del vals. Se da en Lima, sobre todo en Arequipa, donde tenemos en lo que he denominado el ‘vals del romanticismo arequipeño’. También se compone valses en Puno y Cusco”.
Este vals, creado por artistas del sur peruano, tuvo entre sus particularidades el que introdujo elementos propios de la música tradicional a su estructura europea.
Un ejemplo es el vals “Al pie del Misti”, de 1890, donde se pueden ver estos elementos. Fusiones similares se dan en Cusco y Puno. Para Vera, con el vals sucedió algo similar a lo que hicieron los indígenas en las fachadas con el barroco que fue arte europeo pero incluyó elementos propios y así se hizo un producto auténtico.
Con sabor criollo
A fines del siglo XIX, aparecen los antecesores del vals criollo. “En Lima alguien le pone letra a esta danza y se comienza a jaranear. Entonces hablamos ya del vals criollo”, sintetiza. “Esa es la maravilla del vals”.
Pero, ¿qué otras características musicales diferencian el vals peruano de su ancestro vienés?
“El vals vienés, el argentino, los que escribió Chopin y todos ellos, son figuras musicales llanas. Pero el vals peruano recibe la influencia de la raza negra, la síncopa que llamamos los músicos. Es una característica definitiva”, explica el maestro.
De otro lado, el vals europeo se bailaba en los grandes salones, por donde “rodaban” las parejas en esas coreografías que conocemos por películas. Y aquí, a las orillas del río Rímac o a los pies del Misti, también se bailaba, pero el vals se acomodó a los espacios más reducidos. Empezó a bailarse más apretujado. “Porque una característica propia de vals criollo peruano es bailarlo en pareja, pegaditos y sin moverse mucho”, sostiene el maestro Vera.
Nuestras compositoras
Otro aporte de “El vals peruano” es la mención del trabajo de las compositoras de valses instrumentales, a fines del siglo XIX, como María Isabel Arbulú de Benavente, que le dedica el vals “Sin consuelo” a su difunto padre; o “El llanto de una huérfana”, composición que Jesús María viuda de Aljovín le dedica a una amiga. Son obras publicadas por editoriales de Lima que ya no existen.
¿Cuándo nació el vals peruano? En eso no están de acuerdo los autores. Augusto Vera prefiere sostener que se ubica su origen entre fines del siglo XIX e inicios del XX.
Dos herramientas importantes para la difusión del nuevo género, el vals peruano, son la aparición de los famosos cancioneros y los tornamesas con su oferta de discos (en el año 1911 el dúo Montes y Manrique registra en Nueva York más de 170 canciones, entre ellas 24 valses criollos).
El tundete
El tundete es otra peculiaridad musical del vals peruano. Augusto Vera Béjar es un defensor del tundete como característica del vals peruano.
“Se han quejado muchos escritores desde los de la Guardia Vieja, César Santa Cruz y otros, porque el vals, con el bossa nova y otras influencias, se le ha ido cambiado el ritmo. Y el ritmo básico le da el tundete. En el vals ‘Danubio azul’ (1866) en los 300 compases de la partitura solo cinco o seis no tienen tundete. Ese es el vals, ¿por qué quitarlo? El compás del vals es de tres cuartos, que es lo típico, ¿por qué convertirlo en seis octavos?”, se pregunta el investigador.
“El mundo es libre de hacer las cosas, pero para mí se han salido del ritmo del vals. Oscar Avilés es un caso especial: él se salió del tundete, pero lo hizo con calidad, con creatividad, no lo hizo por romper nada. Él creó sus propias cosas que encajan bien con el vals”, comenta el maestro Vera, quien está en desacuerdo de fusionar el vals peruano con la cumbia o el bossa nova. “Para mí no funciona”, dice categórico.
El vals patrio
El maestro Vera Béjar divide por sus letras en diez los tipos de vals, entre ellos, el vals patriótico, donde incluye melodías como “Contigo Perú”, de Augusto Polo Campos; “Mi Perú” de Manuel Raygada Ballesteros; “Cielo serrano”, de Luis Abanto Morales; y “El regreso” de Mario Cavagnaro.
Explica que existen muchos de estos valses pero no son muy populares, ya que en la actualidad “los intereses del público son otros”. Por eso, cuando artistas como Eva Ayllón enrumban a cantar por fiestas patrias al extranjero, los compatriotas en extramares les exigen “Alma, corazón y vida”, “Regresa” y “Mal paso”, entre otros, y no los temas con temática patriótica, finaliza.
(FIN) JVV/JVV
Publicado: 24/7/2026