Nueve días, más de 50 producciones cinematográficas y múltiples historias provenientes de distintas regiones del país, marcaron la decimotercera edición del Festival de Cine de Trujillo (FECIT 2026), que llegó a su fin el sábado 24 de octubre con una jornada dedicada a reconocer el talento, la diversidad y las nuevas miradas de nuestra cinematografía.
Entre proyecciones, conversatorios, talleres y encuentros con realizadores, el festival volvió a convertir a Trujillo en un punto de encuentro para el cine nacional. La ceremonia de premiación celebró tanto a cineastas de reconocida trayectoria como a jóvenes creadores que comienzan a construir su camino en el séptimo arte.
Uno de los principales reconocimientos fue para «Punku», de Juan Daniel Fernández Molero, que obtuvo el premio a Mejor Largometraje de Ficción. La película, ambientada en la selva cusqueña, construye una experiencia cinematográfica que entrelaza el surrealismo, las tradiciones amazónicas y los límites entre la realidad y los sueños. Su propuesta visual y narrativa la convirtió en una de las obras protagonistas de esta edición.
En la misma categoría, el jurado otorgó menciones especiales a A media calle, de Eduardo Orcada Villalva, y Raíz, de Franco García, reconociendo distintas formas de aproximarse a las identidades, los conflictos humanos y las realidades del territorio peruano.
El cine documental también tuvo un lugar destacado. «Manuales de supervivencia», de Luisa García Alva, se alzó con el premio a Mejor Largometraje Documental y recibió, además, el Premio APRECI, otorgado por el jurado de la Asociación Peruana de Prensa Cinematográfica.
La película propone una mirada íntima y autobiográfica sobre la experiencia de vivir con VIH, abordando los vínculos familiares, los prejuicios y la búsqueda de aceptación. Su doble reconocimiento destacó una obra que encuentra en el testimonio personal una forma de generar diálogo y reflexión social.
En la competencia de largometraje documental también recibieron menciones especiales INOMOXO: El sueño del brujo, de Rodolfo Arrascue, y Flor Pucarina, rebelde hasta los huesos, de Geraldine Zuasnabar. La primera producción obtuvo, además, una mención del jurado APRECI, consolidándose entre los títulos distinguidos de la jornada.
El público también tuvo voz propia en la premiación. El largometraje A media calle, de Eduardo Orcada Villalva, recibió el Premio del Público, sumando un segundo reconocimiento a una historia que retrata el encuentro generacional entre un joven músico punk y su padre, un saxofonista folclórico, en la ciudad de Huancayo.
Dejando huella
Uno de los momentos más significativos de la premiación estuvo dedicado al Semillero del Cine Peruano, espacio que impulsa la creación audiovisual de estudiantes y jóvenes realizadores.
El cortometraje Sonidos de la arena, dirigido por Nicole Casanova Segura, obtuvo el máximo reconocimiento de la categoría. La producción retrata el poder transformador de la música en niños y jóvenes de Alto Trujillo, a través de una historia de disciplina, aprendizaje y oportunidades.
Las menciones especiales fueron otorgadas a Cuycidio electoral, de Héctor Paredes Geldres, y La última naranja, de Georgina Estrada y Gianfranco Mercado, dos trabajos que reflejan el potencial creativo de una nueva generación de cineastas.
El reconocimiento a estas propuestas reafirma uno de los compromisos centrales del FECIT: abrir espacios para quienes comienzan a contar sus propias historias y fortalecer la producción audiovisual desde las regiones.
El cortometraje peruano
En las competencias de cortometrajes, el festival distinguió propuestas que exploran distintas realidades sociales, culturales y personales.
«En otra Palestina», de Yaela Gottlieb, obtuvo el premio a Mejor Cortometraje Documental, mientras que Satuko, de Mauricio Godoy, y El Perú es un lugar para morir, de Víctor Augusto Mendívil, recibieron menciones especiales del jurado.
Por su parte, «Sueño de una noche de selva», dirigido por Diego Sarmiento, fue reconocido como Mejor Cortometraje de Ficción. En esta categoría también destacaron Cora, de Milagros Melgar, y Ecos, de Santiago Escobedo Márquez, distinguidos con menciones especiales.
Estas obras evidencian que el formato breve sigue siendo esencial para la experimentación cinematográfica, la construcción de nuevas narrativas y la representación de las múltiples identidades del Perú.
Reafirma el compromiso
La jornada final también contó con la exhibición de Santidad, dirigida por Rodolfo Espinoza Ríos, como película de clausura. Su presentación puso el punto final a una programación que apostó por acercar al público producciones nacionales y generar espacios de intercambio entre espectadores y realizadores.
Con trece ediciones realizadas, el Festival de Cine de Trujillo continúa consolidando su lugar como uno de los encuentros cinematográficos descentralizados más importantes del Perú, acercando nuevas propuestas audiovisuales a públicos diversos y promoviendo el encuentro directo con sus creadores.
La edición 2026 cierra sus puertas, pero deja abiertas nuevas posibilidades para el cine peruano. Desde las primeras producciones estudiantiles hasta las obras de realizadores consolidados, el festival reafirmó que las historias de nuestro país merecen ser contadas, proyectadas y celebradas.
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(FIN) CFS/CFS
Publicado: 28/10/2026