Con voz entrecortada, luego de ser dada de alta del hospital María Auxiliadora, en San Juan de Miraflores, Evangelina narró en conferencia de prensa los
dramáticos momentos que vivió luego de que el huaico la arrastró a lo largo de tres kilómetros.
Comentó que el 15 de marzo último, cuando el huaico bajó por una de las quebradas del distrito, ella se encontraba en su chacra con su esposo, después de dejar a sus hijas en el colegio, y que, en un instante, el lodo los rodeó.
En un primer momento, se sujetaron de un tronco pero este se quebró y su esposo siguió agarrándola de las manos, pero no aguantó más y la soltó al ser arrastrado por el fenómeno natural. "Yo estaba desesperada, tenía palos encima. Durante media hora pedimos ayuda, pero nadie nos escuchó".
La mujer símbolo de la supervivencia en medio de los desastres naturales contó que todo el tiempo su esposo le daba aliento, le decía "fuerza" y la animaba a nadar, pese a la presión de la correntada. Sin embargo, de pronto lo perdió de vista.
"Durante todo ese rato tragué barro, me llené todo mi cuerpo de barro. Me acordé de mis hijas y me dije qué será de ellas sin su madre y su padre. Y le pedía a Dios darme fuerzas para salir".
Manifestó que cuando pasó el puente de Punta Hermosa y vio a varias personas ya casi no podía respirar, pero siguió pidiendo ayuda a Dios.
"Cuando salí de entre los escombros –agregó–, solo me acuerdo haber dado dos pasos y desde allí no sé quién me cargó y solo me desperté en el hospital".
"En ese momento no sentía mis heridas, pero cuando estuve en el hospital allí sí grité por el dolor", narró.
Su esposo, Armando Rivera, en medio de la conferencia de prensa le entregó un ramo de flores, la abrazó y le dio un beso; agradeció al hospital y a su familia y vecinos por el apoyo brindado.
"Quisiera que ella se recupere el 100 % para tomar una nueva vida. Quiero agradecerle a Dios porque prácticamente nos dio otra oportunidad", anotó.