El duelo del corazón herido es el más letal: comentario a «Tres maneras de morir»

Autor piurano Luis Eduardo García escribe novela íntima. Una lucha por salir a flote de un amor turbulento.

Desde la década de 1980, Luis Eduardo García ha cosechado diversos premios en narrativa y poesía.

Desde la década de 1980, Luis Eduardo García ha cosechado diversos premios en narrativa y poesía.

14:25 | Lima, jul. 22.

Escribe: José Vadillo Vila

Luis Eduardo García es un autor piurano que, desde los años ochenta, trabaja en una sostenida carrera literaria, entre ficción y no ficción, logrando premios importantes en poesía y narrativa, entre ellos el premio Poeta Joven del Perú (1987), el tercer lugar en el Copé de Poesía (2013) y, más reciente, el Premio de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro del BCR (2022).

«Tres maneras de morir» es una novela íntima, casi un rito terapéutico. El principal «duelo» que atraviesa el narrador-personaje, Facundo Montiel, alter ego del autor, es aquel relacionado al rompimiento con «H», el amor más apasionado que ha tenido en su existencia.

Montiel incluso debe de alejarse del país para tratar de exorcizar esos dolores, casi corporales, que produce un rompimiento tan profundo y sin argumentos a la vista. 

Es un amor diferente. No es el de las mayorías, supeditados a la misma ciudad. El de Montiel y H es uno marcado por las distancias. Son personas que se conocen circunstancialmente, viven en ciudades distintas, carecen de contextos y amigos en común, y acuerdan verse esporádicamente. Deben confiar en la limitada información mutua. Callar frente a los vacíos del otro es algo con lo que tendrán que convivir. La de Montiel y H también es una relación actual, marcada por la pandemia del covid-19, los mensajes por wasap y las videollamadas.

Los otros duelos 
Existen otros dos «duelos» que atraviesa Facundo Montiel, menos presentes en la novela: 1) el fallecimiento del padre, hecho detonante que lo trae de vuelta al Perú luego de varios meses; 2) y otro que no olvida: el asesinato de decenas de mariposas, cuando de niño jugaba con sus amigos en Chulucanas. 

Este último es interesante porque el personaje, con los años y la influencia de una conciencia más ecológica de la sociedad en general, asume que fue cruel aquel juego de niños, cazando y matando a estos insectos alados. Es un mea culpa tardío. En el personaje, este sentimiento de verdugo de pantalones cortos aflorará cada cierto tiempo.

Agilidad y poesía 
El narrador-personaje recurre a algunas citas y referencias; a la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie o al francés Emmanuel Carrère, por ejemplo, en su búsqueda de comprender el duelo y ese espacio liminar con la locura. 

Inserta reflexiones y también hay momentos para el lenguaje poético en una novela que tiene por atributo la agilidad, los párrafos y capítulos breves.

«Un cerebro en duelo es un espacio sombrío, un monstruo que libera recuerdos y provoca reacciones inesperadas» (Pág. 248), dice.

Mirada 
«Tres maneras de morir» es una novela escrita por un narrador-personaje que surca los sesenta años, que busca arrancarse de cuajo el recuerdo de un amor profundo, decíamos. 

Existe en sus páginas la pasión de a dos, pero no es un sexo que exude, que se arrebate, que grite. No. Es la descripción de la pasión que hace un hombre con un amor a veces no comprendido, que prefiere mirar de costado, pero que, al final de cuentas, va a su paso. 

Si bien es para todo tipo de lectores, lo comprenderán mejor quienes hayan vivido o conozcan de estas relaciones intensas, que queman y nunca llegan a cenizas. 

Racionalidad y esoterismo 
La novela está dividida en 85 capítulos: 64 capítulos numerados y 21 sin numeración. Estos últimos son los dedicados a la búsqueda de respuestas, tanto en las terapias médicas como en la astrología. 

Podríamos darle dos lecturas. Primero, que lo racional rápidamente se agota en un sujeto a puertas del colapso emocional. Segundo, aunque suene a cliché, que al ser un personaje ligado a la tradicional norteña peruana, siempre buscará respuestas en el esoterismo para corroborar o cuestionar a la ciencia.

Me parece que el autor invierte muchas páginas en los detalles del vuelo Madrid-Lima, y, por el contrario, pasa muy a la ligera la ruta terrestre Piura-Chulucanas, quizá por darle un aire sofisticado o sugerencia editorial. 

De otro lado, el padre de Montiel es un personaje riquísimo, arropado en silencios, con amistades incomprensibles para sus hijos; que guardaba un revólver en una gaveta, el cual podría usar contra los ladrones o, de ser necesario, contra sí mismo. 

Es el padre, y no el hijo, quien vía Zoom queda impresionado por la belleza de H. Debió tener mayor protagonismo para conocer más de la idiosincrasia del piurano de provincias. Porque es en el padre viudo en quien hallamos las claves a la forma cómo el hijo sobrelleva los duelos, ¿por qué sino, por ejemplo, resulta tan vital para Facundo la lealtad? Las últimas páginas, en Chulucanas, son de las mejores de «Tres maneras de morir». 
(FIN)
JRA
 
Ficha:
García, Luis Eduardo. «Tres maneras de morir» (Lima, Seix Barral, 2026). Pp. 269.
 



Publicado: 22/7/2026