El conocimiento técnico es el motor para el cambio del aparato productivo

Es fundamental integrar la inteligencia artificial (IA) y la ciberseguridad en el ADN productivo

ANDINA/Difusión

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10:24 | Lima, feb. 16.

Por William Rios Rosales

El Perú se encuentra en una encrucijada histórica en la que la vieja guardia de la economía extractiva choca frontalmente con la aceleración de la era algorítmica. La cifra es contundente: un 61% de los empleos en el país enfrenta una probabilidad crítica de automatización.

Esta estadística no es simplemente un indicador de riesgo laboral, sino también un síntoma de una urgencia mayor: la necesidad de una transición audaz hacia la sofisticación técnica.

La brecha de talento que actualmente aqueja a más del 50% de los empleadores peruanos no es una carencia de personal, sino un déficit de saber especializado, asegura la Head of Coursera Enterprise LATAM, Dorota Zawistowska, al Suplemento Económika del Diario El Peruano.




En un mercado global que no admite rezagados, el capital intelectual se ha erigido como el activo más estratégico para garantizar la resiliencia operativa y la competitividad de las naciones emergentes frente a las potencias regionales.

Productividad


La tesis de Zawistowska es clara, la soberanía económica del mañana dependerá de la capacidad de integrar la inteligencia artificial (IA) y la ciberseguridad en el ADN productivo.

No hablamos de una adopción superficial de herramientas, sino de un cambio de paradigma en el que la pericia tecnológica se convierte en el principal motor de valor agregado.

“La proyección de 171 millones de nuevos empleos en ciberseguridad para el próximo lustro define una oportunidad de mercado sin precedentes”, agrega.

Para el Perú, capturar una fracción de este crecimiento implica migrar de ser un consumidor de tecnología a ser un exportador de servicios sofisticados. Esta estrategia requiere una inversión firme en el activo intangible más valioso, que es el aprendizaje continuo (lifelong learning). Dicha inversión debe facilitar una penetración profunda de segmento en la economía del conocimiento.

La sofisticación técnica no es un concepto etéreo; se traduce en la capacidad de las empresas para escalar soluciones mediante infraestructuras robustas y seguras. 

“La sinergia que observamos con la llegada de plataformas globales a universidades peruanas es solo el inicio de una infraestructura educativa que debe mutar de la memorización a la curaduría de saberes. La IA generativa, lejos de ser un sustituto del esfuerzo humano, actúa como un multiplicador de la eficiencia siempre que haya una intervención humana dotada de pensamiento crítico y liderazgo emocional”, menciona.

Estas habilidades blandas son las que otorgan coherencia a la implementación técnica, asegurando que la tecnología responda a objetivos estratégicos y éticos de largo plazo.

Impacto económico


Para América Latina, el beneficio de esta transición radica en la posibilidad de capturar el 5% del impacto económico global de la IA, el cual se estima en 15 billones de dólares para finales de la década.




Sin embargo, este crecimiento no llegará por inercia. Exige una mentalidad corporativa que priorice la formación en microcredenciales asíncronas y la experimentación activa con modelos de lenguaje como Gemini o ChatGPT

La productividad nacional ya no puede medirse bajo los estándares del siglo XX; actualmente, el éxito se mide en la velocidad de absorción de nuevas competencias técnicas. 

Esta es la única divisa que no se deprecia en un entorno de cambio constante, y es el único combustible capaz de sostener un crecimiento que trascienda la dependencia de las materias primas.

El futuro del Perú es la tecnificación o será irrelevante. La audacia de hoy en la adopción de procesos complejos es la que definirá si el país se consolida como un nodo de innovación regional o si queda relegado a la periferia de la cadena de valor global. 

La ventana de oportunidad se cierra con cada minuto que pasa sin una estrategia nacional de capacitación agresiva. 

Es momento de entender que la tecnología no es una amenaza externa, sino la herramienta más potente que hemos diseñado para expandir los límites de nuestra propia capacidad humana y económica.
La sofisticación técnica no es un lujo; es el imperativo de nuestra era para evitar el estancamiento y liderar el cambio hacia una nación más competitiva y resiliente, asegura Zawistowska.

Capital intelectual


La productividad peruana atraviesa una metamorfosis obligatoria. Ya no basta con optimizar procesos analógicos; el nuevo estándar de competitividad exige una inmersión profunda en la sofisticación técnica. 

El saber estratégico se posiciona como el núcleo de esta transformación, donde la IA generativa y la ciberseguridad dejan de ser departamentos aislados para convertirse en el eje transversal de toda operación rentable. El talento local debe evolucionar hacia una maestría que permita gestionar la complejidad algorítmica con criterio humano. 

Solo mediante un compromiso firme con la actualización constante de competencias, las empresas peruanas lograrán una resiliencia operativa real, capaz de transformar los desafíos de la automatización en ventajas competitivas que impulsen el producto bruto interno (PBI) nacional.

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(FIN) DOP/SDD
JRA


Publicado: 16/2/2026