Crítica literaria: la poética de la desolación

Comentario a libros de los poetas Gonzalo Pantigoso, Luis Eduardo García y Juan de la Fuente Umetsu. (*)

ANDINA/Difusión

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10:37 | Lima, oct. 28.

Alumno: Juan Carrión Aguilar
Centro de estudios: Universidad Nacional del Santa

Hay tres autores, nacidos entre 1957 y 1963, cuyas obras convergen en la resistencia, el incendio de la ausencia y la exploración del yo. Se sitúan en el horizonte de una poesía peruana que durante la segunda mitad del siglo XX exploró las tensiones entre la experiencia individual y las transformaciones de la vida colectiva. 

En estos poemarios, la desolación y la soledad construyen moradas para la pérdida, la contradicción y el anhelo. Nos referimos a Confesiones de Mantícora, de Gonzalo Pantigoso (Chimbote, 1957); La unidad de los contrarios, de Luis Eduardo García (Chulucanas, 1963); y Puentes para atravesar la noche, de Juan de la Fuente Umetsu (Lima, 1963).


Hambre afectiva
La soledad y los recuerdos sostienen una danza de anhelos y romance que configuran la representación simbólica, con residuos románticos y manteniendo al sujeto atado. Estas falencias afectivas se expresan en unidades de consumo poético cargadas de amor y atención, las cuales el sujeto atribuye al ser amado o espera recibir de él.

Los tres poemarios comparten esta sobrecarga afectiva, producto de una nostalgia marcada por la necesidad de alcanzar aquello que el otro apenas concede. En todos, el yo lírico permanece aferrado a los vestigios de una relación, incluso cuando el vínculo parece condenado a desaparecer o a quedar en los médanos del recuerdo. 

De esta manera, el discurso poético se construye alrededor de la búsqueda de las manifestaciones de afecto, las cuales permiten conservar la ilusión de permanencia. El yo busca esas unidades mínimas de amor, mientras el ser amado se aleja hasta convertirse en una presencia inalcanzable y en el yo persiste el deseo de retomar la relación.


Después del incendio
Estas obras responden a un contexto generacional, donde el amor se contempla desde la decisión y la resistencia. Frente a la fugacidad de ciertos vínculos contemporáneos, representan a un sujeto que continúa buscando en los restos de la relación aquello que alguna vez le fue concedido. Es una nostalgia que atraviesa el romance y la ausencia.

En Confesiones…, de Pantigoso, el yo poético atraviesa la ausencia, la indiferencia y la soledad. Lo conduce hacia la aceptación del amor,como un puerto sin barco, un lugar de llegada que carece de rumbo. En “Amor de agua clara”, la espera se expresa mediante la pregunta: “¿Con qué música tierna llegarás a esta orilla que te espera con mi tristeza e impaciencia de seguir arañando la marginalidad del mundo?”. Esto sitúa al yo ante la posibilidad de un eterno retorno, en una orilla agobiada por la marea emocional. En este tránsito, la poesía constituye una forma de resistencia frente a la distancia, convirtiendo la ausencia en materia.

Por su parte, en La unidad…, algunos poemas de Luis E. García plantean que la ausencia puede convertirse en una forma de revelación, en la que la escasez deja de representar únicamente la insuficiencia del amor y adquiere otro sentido: en lo austero puede encontrarse la riqueza de quienes habitan la soledad. Esto conduce a que la carencia afectiva se perciba como un espacio de reconocimiento y comprensión de la experiencia humana, como se plantea en el poema “1”: “Amar sin ser amado es una catástrofe de la especie, aunque le ocurra a un solo hombre”.

De la Fuente desarrolla en Puentes… una experiencia marcada por la lejanía y por la transformación del ser amado en una figura indiferente, revestida de un sentimiento casi místico, donde la amada permanece como una construcción interior que condiciona la sensibilidad del yo. 

En “Monólogo”, se manifiesta: “Entre las cenizas encontré tu corazón apuñalando al mío. Y tú no estabas”. La imagen condensa una paradoja medular, ya que incluso ausente, el ser amado continúa ejerciendo violencia sobre el yo. El corazón entre las cenizas representa aquello que permanece después de la destrucción del vínculo; mientras que la expresión “y tú no estabas” evidencia la tensión casi enfermiza de la dualidad de estar y no estar.

El altar de la ausencia
Las tres obras manifiestan, desde diferentes perspectivas, una experiencia de carencia afectiva asumida como condición de la vivencia amorosa. En ellas, el amor aparece como un fervor que intensifica la sensibilidad del yo y condiciona su percepción del mundo.

Nos encontramos ante sujetos poéticos capaces de articular la ausencia, la escasez y la indiferencia como vehículos de una afectividad compleja. Dejan de buscar el amor desde los parámetros tradicionales para comprenderlo a través de sus restos, silencios y contradicciones. 

En ellos, la carencia se convierte en una forma de conocimiento y cada fragmento adquiere la posibilidad de ser interpretado. Así, los versos construyen una danza donde los sentimientos dialogan con la ausencia, como quien contempla, desde un paisaje nocturno, los últimos vestigios de la presencia amada.

Datos: 

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(*) El suplemento La Crónica Universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano y la Agencia de Noticias Andina para poner en valor los textos de periodismo narrativo elaborados por estudiantes de las diferentes universidades de todo el país.

(FIN) JCA/JVV


Publicado: 28/10/2026