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Conoce los secretos de la iglesia puneña Santiago Apóstol de Lampa

Escultura de La Piedad de Miguel Ángel es uno de sus atractivos

Conoce los secretos de la iglesia puneña Santiago Apóstol de Lampa. ANDINA/Melina Mejía

Conoce los secretos de la iglesia puneña Santiago Apóstol de Lampa. ANDINA/Melina Mejía

08:27 | Puno, nov. 9.

Por José Vadillo, enviado especial

En la ciudad rosada de Lampa, en la región Puno, la fe católica se traduce en La Piedad, de Miguel Ángel, repetida dos veces. Se salvaguarda en la iglesia de Santiago Apóstol, donde reina una virgen que tuvo amor a primera vista con este pueblo altoandino.
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Copia exacta de La Piedad, monumental obra del gran Miguel Ángel, se exhibe en la iglesia Santiago Apóstol de Lampa.

Al final del pasadizo que hay debajo de la nave central de la iglesia de Santiago Apóstol, “alguien” –si cabe el término– te sonreirá. Se llama “Richard”, igual que el guía que nos acompaña. Una calavera, platuda ella, que tiene los cuencos de los ojos llenos de monedas. La gente le pide deseos y deja su sencillo. De algunos corazones dibujados en las paredes se infiere que también le solicitan una ayudadita en los vericuetos del amor de a dos.

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Se cuenta que, en el XVIII, Túpac Amaru y sus hombres llegaron hasta Lampa para ajusticiar a los españoles. El sacerdote los había escondido en estas catacumbas donde, sin metáforas, encontraron su sepultura.

Como la antesala de una cinta gore donde seremos las víctimas, sobre la pequeña bóveda hay caligrafía obscura garabateada con premura. Antes era costumbre de los lugareños bajar a estos sótanos alumbrados únicamente con velas. Y de paso, usaban la luz para practicar su caligrafía. Una palomillada. Ahora unas tenues bombillas eléctricas nos llevan por el pasadizo, que parte de la urna de vidrio de “Luz” –la calavera de una señora que pidió que cuando muera la traigan acá, y que también tiene sus devotos- hasta “Richard”. Fin del recorrido.

Una de las calaveras que alberga las catacumbas de la iglesia Santiago Apóstol.

Las historias de canales secretos o “chincanas” han acompañado a las iglesias coloniales del sur andino. Debajo de la Santiago Apóstol, por ejemplo, subsisten añejos ramales, pero tapiados a pocos metros. Aseguran que una de ellas desembocaba en la plaza Grau, la principal de Lampa, donde años después, en el siglo XIX, construirían una pileta de zinc. El enigma se guarece bajo la sombra de los “keñuas”.

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La de Santiago Apóstol tiene los muros porosos, por el frío, las heladas, y sol seco; unos confesionarios aguardan los tiempos de fiesta para escuchar a los pecadores. En las paredes blancas del templo los cuadros de la escuela cusqueña representan pasajes de la vida de Jesucristo y la de Santiago Apóstol.

Al fondo, en el coro, reina un órgano belga restaurado. En el sotocoro, hay dos capillas: en la del lado derecho, “La última cena”, de Da Vinci, ha sido llevada al tamaño real y personajes de yeso. En la capilla de la izquierda, el apóstol Santiago está en actitud combativa sobre un caballo de yeso que, se asegura, fue trabajado sobre un perisodáctilo disecado.

Bajo el domo de granito se encuentra un ambiente donde las paredes están cubiertas por cráneos y esqueletos.

Esta es la iglesia que ampara a la virgen que no quería irse. Me explico. La imagen sagrada se llamó primero virgen del Pilar y vino desde España. Se trasladaba a lomo de llamas rumbo al Cusco cuando pernoctó en Lampa. Algo pasó con la gravedad, porque se hizo muy pesada que no la podían mover. Entonces le cambiaron de nombre por el de Virgen Inmaculada Concepción. Y Santiago Apóstol, la primera advocación, fue reubicado para dejar el altar mayor a su nueva inquilina.

En 1924, un rayo entró al altar mayor y dañó parte del rostro y el busto de la virgen. Se le mandó a restaurar y, tras dos años, fue recibida por la población con júbilo. Desde ese momento, la Inmaculada y Santiago son los patrones de este pueblo. Y para que no tengan celos, a la primera se la celebra el 8 de diciembre y al apóstol, el 25 de junio. Los celebran con sikuris, morenadas, caporales y huaca-huaca. Cosas de la fe.

La iglesia tiene forma de cruz latina, con sus naves laterales. El JHS (Jesus Hominum Salvator) advierte que perteneció a la congregación jesuita, aunque y también hay símbolos posteriores dominicos.

Detalle de uno de los cráneos que 'adorna' el ambiente bajo el domo del templo.

Y estaba predestinada a convertirse en polvo y olvido, si no fuera por la intervención del político e ingeniero Enrique Torres Belón (1887-1969), “el hijo predilecto de Lampa”, quien mandó a realizar la última restauración importante del templo. 

Richard –el guía– nos lleva ante un Cristo orgánico. Fue elaborado en cuero (solo hay uno en el Perú y otro Pamplona, España). Las venas y articulaciones son reales, pues fueron elaboradas a partir una vaca.

En el siguiente ambiente, una réplica en negro de La Piedad de Miguel Angel, nos compadece.


Lampa es la ciudad con dos Piedades. Una negra y otra blanca. Una de aluminio y la otra, de yeso. La negra reposa en el domo que salvaguarda cráneos, huesos y esqueletos (no hay mayor temor a nuestra dimensión finita que vernos en los restos de otro). Al fondo, descansan los restos de Torres Belón. La Piedad de yeso, en cambio, se salvaguarda en la municipalidad. El resto es historia y orgullo lampeño.

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(FIN) DOP/MAO

Publicado: 9/11/2018