Andina

Con vocación: conoce a la profesora que convirtió su casa en un salón de clases

Es docente de educación especial, y por la cuarentena no quería que su alumnado dejara de aprender

Profesora Mireyle Jiménez Santillán enseña a nueve alumnos del CEBE-004 Sagrado Corazón de Jesús, algunos de los cuales tienen discapacidad severa, baja visión, parálisis cerebral infantil o multidiscapacidad.

Profesora Mireyle Jiménez Santillán enseña a nueve alumnos del CEBE-004 Sagrado Corazón de Jesús, algunos de los cuales tienen discapacidad severa, baja visión, parálisis cerebral infantil o multidiscapacidad.

07:36 | Lima, oct. 4.

Su casa es su salón de estudios. La profesora de educación primaria especial de Zarumilla, Tumbes, Mireyli del Rocío Jiménez Santillana, la convirtió en su escenario de enseñanza porque entendió que para asegurar que la cuarentena no amenazara los aprendizajes de sus niños y niñas con habilidades diferentes, el uso del video sería su mejor herramienta.

Cuando se enteró que el programa ‘Aprendo en casa’ iba a llegar a sus alumnos del quinto y sexto grado de primaria especial por radio y no por televisión, pegó el grito en el cielo. “Cómo era posible”, dijo. “Ellos aprenden igual que cualquiera, pero de manera diferente y necesitan ser muy estimulados”.

Esta situación la inspiró a buscar alternativas de educación motivadoras para sus nueve alumnos del CEBE-004 Sagrado Corazón de Jesús, algunos de los cuales tienen discapacidad severa, baja visión, parálisis cerebral infantil o multidiscapacidad. Ellos, cuenta, no se concentran con facilidad y su estado de ánimo varía con frecuencia. Así que consultó con otras colegas sobre la pertinencia de usar el video para reforzar la educación radial.

El 6 de abril, el mismo día en que el programa ‘Aprendo en casa’ para educación especial se emitió en la radio, Mireyli del Rosario lanzó su primer video, recuerda. Trató sobre la importancia del lavado de manos. Justo ese día no hubo agua en su casa, así que consiguió un poco y llenó un pomo, usó un jabón y eligió una pared medio desvencijada como escenario.

“Así fue el inicio, y poco a poco convertí mi casa en un gran salón de clases. El video que grabamos una o hasta tres veces por semana, según el tema, refleja la realidad. Eso les sirve a las madres, que son las que están más tiempo con sus hijos, y a mis alumnitos, que ven las acciones. Incorporarlos a las tareas de la vida cotidiana es el gran objetivo para que no los aíslen”.

Compromiso a prueba


Enseñar en contexto de pandemia no es fácil, reconoce la profesora. Todo requiere más esfuerzo; a veces es tedioso monitorear a las mamitas por WhatsApp porque algunas no tienen internet, no tienen celular o quieren tirar la toalla porque no es fácil criar un hijo con discapacidad si no se tiene trabajo.

“Pero a pesar de la cuarentena y de las dificultades que trae, no debemos limitarnos, la vida sigue, tenemos que continuar para nuestros niños, merecen aprender, seguir avanzando y ser autónomos. No puedo quedarme con los brazos cruzados”, comenta.

Y ahí es cuando le sale la garra, como le dice su esposo, que es su gran apoyo en la realización de los videos, no solo porque los graba, sino también porque al lado de sus hijos forma parte de los programas que deben producirse de acuerdo con el plan de trabajo: cómo barrer, cómo sentarse a la mesa, cómo botar la basura, por ejemplo.

El desafío


Mireyli quiso ser policía como su papá, pero su progenitor no encontró mejor manera para disuadirla de esa elección que sugerirle que siguiera la carrera de Educación como su hermana mayor y que luego postulara a la Policía Nacional.

“En el pedagógico descubrí mi vocación por educar a niños y niñas especiales; nació como un relámpago, me di cuenta de que tenía que ayudarlos para que dejaran de ser indefensos. Es mi norte”.

Para esta mujer dinámica, encontrar la magia de la motivación para sus alumnos es su leitmotiv. El estado de emergencia aún vigente la tiene alerta, no baja la guardia, no quiere hacerlo, ni cuando le dio el covid-19. Aun así, continuó trabajando.

“Valió la pena porque he logrado que mis niños se sientan útiles, se desenvuelvan en sus casas y no sean dejados de lado. Sus padres los apoyan y están más unidos a ellos”.


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(FIN) DOP/ SMS
JRA


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Publicado: 4/10/2020
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