¿Compartes casa? Conoce las ventajas y desventajas de vivir con otros bajo el mismo techo

Sin límites claros la convivencia puede convertirse en una tortura

ANDINA/archivo

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12:04 | Lima, mar. 1.

La convivencia con diálogo y respeto puede ser beneficiosa, pero mal llevada puede convertirse en un camino seguro al infierno, sobre todo si se trata de varias familias viviendo bajo un mismo techo.

El compartir casa es una costumbre muy extendida en nuestro país, sobre todo en familias con muchos hijos, algunos de los cuales  terminan quedándose,  incluso, cuando ya han formado sus propias familias. 

Para Diana Bermúdez, directora de la Asociación Peruana de Psicología Analítica (APPA), los roces o discusiones surgen cuando las cosas no están claras ni delimitadas. 

Entrevistada en el programa Saludable Mente de Andina Canal On line, comentó que la convivencia puede tener ventajas si es bien dialogada, pero también desventajas si no se evalúa bien con quién se compartirá el espacio, sus costumbres y maneras. 

Ahorro y buena compañía 


Además del ahorro económico que supone compartir una casa, la convivencia puede dotar a sus integrantes de buena compañía, si contempla el respeto del espacio ajeno. 

“En las familias tradicionales, antiguas, había una sola olla, una sola mesa y la persona más respetada era la de mayor edad. Las tareas domésticas eran un tema compartido y cada uno tenía un espacio privado, un cuarto, como ocurre en otros países donde muchos jóvenes alquilan una casa y cada uno tiene responsabilidad en su buen mantenimiento”, detalló. 

Esta tradición se fue manteniendo con el paso de los años y empezó a evolucionar en familias que cedían los pisos superiores a sus hijos para que ellos construyan sus propios hogares, con espacios separados.   

“Casos de este tipo son una ayuda en casos de enfermedad o para dejar a tus hijos en algún momento, pero sin olvidar que cada uno tiene su propio lugar. Los peruanos somos muy acogedores y nunca falta alguien que diga ‘cuando estés por aquí, vienes y te hacemos un sitio’, sin embargo, si esa invitación no es bien entendida corremos el riesgo de albergar gente que se queda por largo tiempo y sin consideración alguna, comentó. 

Hijitos de mamá 


La psicoterapeuta sostuvo que lamentablemente hay familias donde se hace de todo para que los hijos no se vayan. Puede tratarse de padres que “no permiten la individualización, el espacio personal, la propia personalidad de los hijos”.

Hay otros casos donde los jóvenes salen muy tempranamente de casa sin haber madurado lo necesario y empiezan relaciones de pareja cuando aún no tienen los medios económicos ni la madurez para vivir independientemente, lo cual motiva que regresen a la casa materna pero con compañía.  

Entonces las disputas aparecen por quien tiene el poder, que no siempre recae en el dueño o dueña de la casa




“Hay familias en las que los padres están ausentes y no tienen autoridad para poner orden. El problema en una relación, como decía el psiquiatra Jung, surge cuando entra el poder y se va el amor”. 

Para Bermúdez una casa sin reglas es un caos. Si, por ejemplo, hay un bebé que necesita dormir, en la sala no puede haber tanto ruido porque de lo contrario se altera su descanso. 

“A veces los jóvenes son muy ruidosos y se inician los roces porque hay alguien que dice y piensa distinto y aparecen comentarios como ‘quién te crees tú’. Empiezan las luchas de poder, como cuando hay niños creciendo entre dos o más familias y aparece la confusión y ambigüedad respecto a quién obedecer”.

Eso ocurre cuando los padres salen a trabajar o estudiar y los hijos se quedan con los abuelos y de repente ellos tienen un tipo de crianza y cuando vienen los padres los desautorizan. 

“Entonces estamos ante niños que no creen en nadie. Los padres deben reconocer su rol y definir cómo quieren educar a sus hijos. Si tienen la colaboración de la familia, maravilloso, pero deben tener claro que se trata de una colaboración y que la educación corre a cargo de los padres”.

Sin privacidad 


La especialista comentó que la falta de privacidad es una gran desventaja de compartir una casa sin espacios delimitados. A esto se suma la falta de responsabilidad en el mantenimiento del orden, limpieza y cuidado del lugar común. 

Así surgen entredichos, malos ratos y también personas que se acomodan a la situación y no son responsables de nada. 

“Cuando no hay límites claros ni diálogo se acumulan cosas, emociones, sentimientos, que se desbordan y pueden terminar en algo fatal, como el caso de la joven asesinada, Solsiret Rodríguez”.  

Otra amenaza de una convivencia sin límites es la posibilidad de acoso o abuso sexual

“Hay que entender que no puede haber crecimiento sin costo, sacrificio o sufrimiento. Aquellos que han tenido situaciones más difíciles que enfrentar por falta de espacio, recursos, son personas que siempre muestran más motivación para que eso no les vuelva a pasar, ni a quienes ellos quieren”, comentó la experta. 

Dijo que habrá hijos con este talante, mientras que otros serán más comodones, que preferirán “ser mantenidos y con un vínculo casi simbiótico, infantil con sus padres. Hay que poner límites para que lo hijos crezcan y generen sus propios recursos. Si los padres tuvieron un departamento es propiedad de ellos, no de los hijos”. 

Para resolver conflictos en una casa compartida, recomendó buscar el diálogo y si es necesario ayuda psicológica, evitando la confrontación y falta de respeto o ausencia de límites. 

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(FIN) KGR


Publicado: 27/2/2020