Chan Chan: impulsan recuperación del algodón nativo y del patrimonio biocultural

La Unidad de Promoción y Participación Ciudadana del Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan impulsan la recuperación del algodón nativo. ANDINA/Difusión

La Unidad de Promoción y Participación Ciudadana del Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan impulsan la recuperación del algodón nativo. ANDINA/Difusión

15:31 | Trujillo, feb. 25.

En el corazón del complejo arqueológico de Chan Chan, en la región La Libertad, una semilla resistió al tiempo. No fue sembrada con presupuesto ni ceremonia oficial. Simplemente estaba allí, sobreviviendo. Se trataba de algodón nativo, la misma fibra que siglos atrás utilizó la cultura chimú para tejer su identidad.

Durante años, aquellas plantas pasaron desapercibidas en el paisaje. Hasta que alguien decidió mirar con mayor atención. Entre las ramas secas, pequeñas cápsulas guardaban semillas. Era una oportunidad para recuperar parte del patrimonio biocultural del Perú.


La iniciativa nació sin figurar en ningún plan formal. Renato Espejo y Víctor Vallejo, integrantes de la Unidad de Promoción y Participación Ciudadana del Proyecto Especial Complejo Arqueológico Chan Chan del Ministerio de Cultura, decidieron recolectar las semillas y preparar un almácigo.

Sin financiamiento asignado, ni cronogramas oficiales, comenzaron el proceso de cultivo. La naturaleza respondió. Las primeras plantas brotaron y confirmaron que el legado ancestral aún estaba vivo bajo la arena.

“Ver nacer la primera plantita es un regalo de Dios”, recuerda Renato, con una emoción que todavía lo sorprende. En ese mismo tiempo, él también disfrutaba de otro nacimiento: el de su hija. Ambos procesos —uno íntimo, otro ancestral— crecían en paralelo, como si el destino hubiera decidido entrelazar sus tiempos. “Literalmente con amor generamos vida. Es algo nuestro, que viene de nuestros antepasados y tenemos la obligación de proteger”.


Y es que el algodón nativo no es solo una planta, es memoria viva. Fue la fibra con la que los antiguos chimús confeccionaron sus vestimentas, sus redes, sus símbolos. Fue materia prima de identidad. Recuperarlo no significaba solo cultivarlo, sino volver a conectar con una herencia que aún respira bajo la arena.

De la siembra al hilado

El proyecto que le da sentido al concepto de apropiación cultural nació y creció en silencio, como crecen las cosas verdaderas e importantes.

Desde el cercano poblado de Villa del Mar, llegaron nuevas manos. Graciela Aguilar Ibanez y Zarela Aguilar Ibanez, hermanas nacidas en Otuzco pero vecinas desde hace más de treinta años de Villa del Mar, supieron del algodón que estaba renaciendo. Ambas formaban parte del programa Vigías de Chan Chan, un grupo de ciudadanos comprometidos con la protección de su historia. Cuando escucharon que el algodón había vuelto a crecer, entendieron que su conocimiento también debía regresar.


Ellas sabían hilar. Lo habían aprendido de niñas, viendo a su madre y a sus abuelas transformar el algodón en hilo y el hilo en ropa.

Así, el proyecto dejó de ser solo cultivo y se convirtió en transmisión. Las manos que sembraron ahora aprendían a hilar. Las semillas se transformaban en hilo, y el hilo en memoria compartida.

Con el tiempo, más personas se sumaron. Incluso la madre de una joven colaboradora llegó un día con un regalo inesperado: semillas de algodón de otro color. Era una nueva posibilidad, una expansión natural de un proyecto que había nacido sin certezas, pero con convicción.

Han pasado dos años desde la primera siembra y hoy, el algodón nativo vuelve a ocupar su lugar, bajo el impulso del equipo y con el respaldo institucional, el museo se ha convertido en un espacio donde se enseña el cultivo, la poscosecha y el hilado manual. “Allí, el pasado deja de ser una pieza de exhibición y vuelve a ser práctica viva”, asevera Víctor Vallejo.

Taller en el Museo de Sitio Chan Chan

Actualmente, en el Museo de Sitio Chan Chan se impulsa el taller Hilado de Algodón Nativo, con la participación de 25 mujeres comprometidas con la preservación del patrimonio y con estos saberes ancestrales, parte de la identidad cultural.

Para Christian Arbaiza Mendoza, director del Proyecto Especial Chan Chan, el valor de esta iniciativa trasciende lo simbólico. “El algodón nativo es parte del patrimonio biocultural. Recuperarlo fortalece la identidad y abre oportunidades para las comunidades”.

Sin dudas, la verdadera dimensión del proyecto se percibe en lo cotidiano. En el cuidado de las plantas. En las manos que aprenden a hilar. En la emoción de ver cómo algo que parecía perdido vuelve a existir. Porque eso es, finalmente, lo que ocurrió en el museo de sitio. No fue solo el renacimiento de una planta.

Fue el renacimiento de un vínculo, entre la tierra y nuestra memoria. 

Más en Andina:

(FIN) LPZ/MAO

Publicado: 25/2/2026