La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), elevó hoy su proyección de crecimiento de la economía peruana para 2026 de 3% prevista en diciembre último, a 3.2%, el cual está por encima del promedio previsto para América del Sur de 2.5%.
Así lo detalla en la nueva edición de su informe anual “Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026. Crecimiento y productividad en un contexto de alta informalidad: limitantes y desafíos para impulsar la formalización productiva en la región”.
En el informe anual del 2025 la Cepal, emitido en agosto de ese año, el organismo multilateral había previsto una expansión de la economía peruana de 2.9% para 2026, y posteriormente en su documento "Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2025", emitido en diciembre último, lo elevó a 3%.
Esto significa una mejora consecutiva en la proyección de la economía peruana, más aún en un contexto de riesgo sistémico asociado al Fenómeno El Niño que podría convertirse en un fenómeno históricamente fuerte o “Super Niño” haca el final del 2026, según refiere el informe de la Cepal.
Asimismo, la Cepal también anticipa para 2027 que la economía peruana crecerá 3.3%, por encima del promedio previsto para América del Sur de 2.5% y de América Latina de 2.4%.
Panorama regional
La Cepal explica que su informe indica que la economía de América Latina y el Caribe crecería un 2.2% en 2026, después de expandirse un 2.4% en 2025, y registraría una recuperación parcial hasta el 2.5% en 2027.
“De confirmarse estas proyecciones, América Latina y el Caribe completaría cinco años con un crecimiento promedio cercano al 2.3%, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar significativamente los espacios de política”, precisa.
Además, señala que el deterioro del contexto internacional —marcado por un menor crecimiento mundial, mayores tensiones geopolíticas, volatilidad financiera y presiones en los mercados de energía— explica parte de la desaceleración prevista para 2026.
Sin embargo, advierte que la principal limitación al crecimiento regional es de carácter estructural: bajos niveles de inversión, escaso crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal y una elevada y persistente informalidad laboral.
“La región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor”, señaló el Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs.
“Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y de las empresas, amplíe la protección social y genere más empleos formales de calidad”, agregó.
La segunda parte del Estudio Económico 2026 examina la informalidad no solo como un problema laboral o de protección social, sino como una restricción estructural que limita la capacidad de las economías para transformar el crecimiento en aumentos sostenidos de productividad, inversión y empleo de calidad.
“La informalidad es, a la vez, una consecuencia del bajo crecimiento y uno de los mecanismos que perpetúan la trampa de baja capacidad para crecer”, subraya la Cepal.
El análisis presentado en el informe muestra que el crecimiento eleva la productividad tanto en el sector formal como en el informal, pero sus efectos son más intensos, rápidos y persistentes en el primero. Las empresas formales tienen una mayor capacidad para aprovechar economías de escala, incorporar innovación, acceder al financiamiento y acumular capacidades productivas.
Por ello, cuanto mayor es el peso de la informalidad, menor es la capacidad del crecimiento para generar mejoras permanentes de productividad.
El informe identifica cuatro ámbitos complementarios de acción:
Políticas laborales:
Profundizar los programas de creación de empleo, capacitación e inserción laboral; reducir las brechas de género; articular mejor las políticas laborales y sociales, y fortalecer la economía del cuidado y el uso de herramientas digitales para facilitar el acceso y la permanencia en la formalidad.
Políticas fiscales:
Avanzar hacia sistemas de financiamiento de la protección social que reduzcan los desincentivos a la formalidad; establecer trayectorias de formalización progresivas y flexibles, y aprovechar la digitalización y la interoperabilidad administrativa para simplificar el cumplimiento y fortalecer la fiscalización.
Políticas financieras:
Reforzar el papel de la banca de desarrollo como instrumento de inserción productiva; diseñar mecanismos que reconozcan la heterogeneidad del tejido empresarial, y ampliar los sistemas de garantías para reducir la segmentación del crédito.
Políticas de desarrollo productivo:
Fortalecer y escalar rutas integradas de apoyo empresarial, con énfasis en el extensionismo tecnológico; focalizar territorialmente las intervenciones; promover una gobernanza anticipativa y multiactor, así como la integración productiva y robustecer los sistemas de información, monitoreo, evaluación y aprendizaje.
La Cepal concluye que reducir la informalidad es una condición necesaria para fortalecer la capacidad de crecimiento de la región y salir de la trampa de baja capacidad para crecer.
“La formalización productiva permitiría mejorar la calidad del empleo, ampliar la protección social y reducir desigualdades, así como aumentar la capacidad de las economías para convertir el crecimiento en avances sostenidos de productividad, ampliar el espacio de las políticas públicas y consolidar procesos de transformación productiva que sostengan tasas más altas de crecimiento a largo plazo”, puntualiza la Cepal.
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(FIN) MDV / MDV
Publicado: 20/8/2026