Celebración de la música: los 30 años de «Póntelo en la lengua», de Pedro Suárez-Vértiz

Álbum con más de 100 000 copias vendidas incluyó megaéxitos como «Mi auto era una rana» y «Me estoy enamorando».

Portada icónica del álbum que se lanzó en setiembre de 1996. ANDINA/archivo

Portada icónica del álbum que se lanzó en setiembre de 1996. ANDINA/archivo

17:24 | Lima, oct. 30.

Escribe: José Vadillo Vila

No se puede hablar de los noventa ni del rock peruano sin mencionar a Pedro Suárez-Vértiz (1969-2023), frontman, guitarrista y compositor nacido en el Callao, criado en San Isidro, y de genes artísticos por línea paterna. Seguidores y detractores podemos estar de acuerdo en un punto: Pedro marcó el dial de aquella década.

Después de integrar el grupo Arena Hash, etapa en la cual ya anticipaba su gran capacidad para crear hits musicales, Pedro debutó como solista con el auspicioso «(No existen) Técnicas para olvidar» (1993), disco muy guitarrero, rollingstoniano en su forma de cantar, en sus riffs (a cargo del genial Abel Salcedo) y de coros potentes. De las once canciones, sonaron «Tambaleando», «Cuéntame», «Globo de gas», «Me elevé» y «No pensé que era amor».
 
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Tres años después, el 17 de setiembre de 1996, apareció en las recordadas discotiendas su nuevo álbum, «Póntelo en la lengua». El disco compacto confirmó una hipótesis: nuestra fábrica local de éxitos se apellidaba Suárez-Vértiz. El olfato de la disquera Sony Music no falló al ficharlo.  

¿Por qué se considera el mejor álbum de su carrera? Primero, está la calidad de grabación. El álbum, registrado en dos estudios de Miami y uno de Lima, fue producido por Manuel Garrido-Lecca, hombre clave en la internacionalización del pop hecho en el Perú. 

Fue Garrido-Lecca -con quien Suárez-Vértiz había trabajado en Arena Hash y quien había supervisado el trabajo de producción de su primer álbum en solitario- quien cuidó cada detalle y se involucró en los arreglos de «Póntelo en la lengua».

El resultado fueron 14 canciones que cumplían con los estándares de producción musical y se difundieron sin ningún problema en las radios de América Latina. 
 
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Un paréntesis: hablemos del arte de la tapa. Si «(No existen) Técnicas para olvidar» fue un trabajo conceptual con azules, que acentuaban cierta melancolía, y se bastó una banca en medio de una pista para que el desaparecido fotógrafo Luis Felipe Cueto logre la foto de la portada, para «Póntelo en la lengua» el Taller Cuatro, nuevamente a cargo del diseño gráfico, apostó por el amarillo y el fucsia. 

Sugería más que mostraba. Como el mango de la guitarra Les Paul Gibson como una tercera pierna del músico. El equipo creativo adoptaba las modas en boga en el diseño de los álbumes que traía bajo el brazo la gran industria musical norteamericana. Y la portada de «Póntelo…» se volvió icónica, distinta. Consolidaba a Pedro Suárez-Vértiz con su imagen desenfadada, nuestro rockstar.  

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La magia radicaba en su menú de canciones. El segundo álbum de Pedro Suárez-Vértiz incluyó tres megahits: «Mi auto era una rana», con la que abría el disco, «Los globos del cielo» y «Me estoy enamorando». Cada uno llegó en promoción acompañado de videoclips de muy buena factura que le permitían al artista ingresar a otros mercados. 

Además, «Mi auto era una rana» se popularizó nuevamente al formar parte de la banda sonora de la película «No se lo digas a nadie» (1998), de Francisco Lombardi, que causó revuelo al hablar del tema homosexual en la clase alta limeña.

Las estrofas y coros de Suárez-Vértiz juegan con lo sexual tanto en «Mi auto…» como en «Los globos del cielo», sin ser explícito. «Los globos…» sufrió veto en Chile, por ejemplo. A ojos del presente, sus letras resultarían inocentes comparados con lo explícito del reggaetón, por ejemplo. Sin embargo, en el año 2020, la influyente revista Billboard la incluyó entre las 25 obras maestras del rock en español. En esta línea de letras juguetonas va la roquera «Podré cambiar».

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Garrido-Lecca y Suárez-Vértiz ofrecieron en el álbum de 53 minutos diversos registros a los oyentes. La power ballad «Sé que todo ha acabado ya» y la bachata «Te siento de sólo pensar» muestran la facilidad que tenía Pedro para crear canciones que conectaban muy bien con la programación de las radios de música romántica. «Te siento…», por ejemplo, sonó en República Dominicana. 

Las letras del rítmicamente pegajoso «El árbol» juegan con lo onírico y aquello amigable con el medio ambiente (al final, el personaje voyerista se identifica como hijo del árbol). Podría denominarse hoy una suerte de canción ecológica (preocupación del músico que afloraría años después en «Amazonas», de 2009). 

El álbum cuenta con canciones caletas que permiten al disco verlo más allá de sus megaéxitos que colmaron la FM. Figura, por ejemplo, «Una vez una flor», donde Lucho «Peluka» Nuñez aportó las guitarras; «Me siento mejor» incluye arreglos de metales que le otorgan ciertos aires del jazz de New Orleans. No es la única canción del álbum donde el arreglo de vientos (con Gonzalo Polar, Abel Páez y Rolando Gonzáles Saba) fue importante. En «Me estoy enamorando», «El árbol» y «Los globos del cielo». Otras letras están llenas de recuerdos adolescentes como «La niña bella» o «Pasear en bicicleta». 

Si el disco empieza con un bombazo como «Mi auto era una rana», termina con «Post data», un tema acústico, donde aflora el Suárez-Vértiz más desnudo, que ejecuta todos los instrumentos y entrega las letras como un canto de oído a la pareja. Esas formas íntimas de cerrar sus discos serán parte de su marca. Pedro ya lo había hecho con «1:38» en «(No existen) Técnicas para olvidar» y lo repetiría con «China wife», en «Degeneración actual» (2001). A escucharlo. 

Dato: 
- Sony anuncia que por el 30.° aniversario del álbum se lanzará la edición en vinilo este diciembre.

(FIN) JVV/JVV


Publicado: 30/10/2026