El fuego tiene una ferocidad que no da tiempo a los cálculos ni a la prudencia. Cuando las primeras lenguas de fuego empezaron a devorar los primeros ambientes de aquella casa en el sector Liberación Social, en el distrito trujillano de Víctor Larco, región La Libertad, Percy Junnior Zumarán Narváez no se detuvo a medir el peligro. No hubo un instante de duda ni un pensamiento dedicado a su propia seguridad. A sus 39 años, en lo único que pensó fue en sus hijas.
Aquella noche del 17 de junio, un apagón, provocado por una explosión de un poste de alumbrado público en el distrito de Víctor Larco, obligó a la familia a encender una vela. Un descuido invisible, el parpadeo de una llama que alcanza un mueble de cuero sintético y, en cuestión de minutos, el material inflamable convirtió la vivienda en una trampa de humo denso y calor insoportable. Las dos pequeñas estaban atrapadas en el interior.

Lucha en el infierno
Percy, junto a su cuñado, rompió la barrera del humo y se adentró en el infierno. El rescate fue una carrera contra el tiempo y el oxígeno. Lograron poner a las niñas a salvo, entregándolas a la vida del otro lado de la humareda.
Sin embargo, el destino fue cruel con el progenitor. Mientras su cuñado y las menores conseguían ganar la calle por el techo de la vivienda, Percy quedó atrapado entre las llamas que ya se habían adueñado de todo.
Fueron los vecinos del barrio, en un acto de desesperación y solidaridad comunitaria, quienes tras varios intentos desesperados lograron romper el cerco del fuego y sacarlo de la vivienda.
La emergencia movilizó a Trujillo. El hombre que lo había dado todo fue trasladado de urgencia al Hospital Belén, mientras sus hijas eran evacuadas al Hospital Regional Docente para recibir atención médica por los estragos del siniestro.

Pero el cuerpo de Percy no logró resistir las graves quemaduras sufridas durante aquellos minutos de heroísmo. Pese a los esfuerzos del personal médico, no resistió a sus graves heridas y el proceso de intoxicación por el humo del incendio, y murió ayer 18 de junio.
Hoy, Trujillo no solo llora una tragedia; despide a un héroe real. En las calles de Liberación Social y en la memoria de quienes lo conocieron, Percy será recordado como un hombre profundamente trabajador, un vecino solidario y un padre dedicado que, en el momento más oscuro, eligió la vida de sus hijas por encima de la suya.
Solidaridad frente a las cenizas
Mientras las dos menores permanecen hospitalizadas recuperándose de las heridas, la tragedia ha movilizado un fuerte espíritu de apoyo en la provincia. La comunidad estudiantil de la Institución Educativa Pedro Mercedes Ureña ha iniciado una colecta pública de urgencia. El objetivo es apoyar a una de sus alumnas de cuarto grado de primaria, quien en una sola noche no solo perdió el techo que la cobijaba, sino también a su mayor protector.
La historia de Percy Zumarán, quien se ganaba la vida como conductor de una bus de transporte público, quedará grabada como el recordatorio más puro de lo que significa el amor de un padre, inmortalizado en héroe para sus hijas.
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