La propuesta de trasladar determinados feriados nacionales a los lunes podría generar beneficios -para las empresas y sus trabajadores- al reducir la fragmentación de las semanas laborales y facilitar una mayor previsibilidad en la organización del trabajo.
Sin embargo, para Adecco, el impacto dependerá de la capacidad de las organizaciones para anticipar efectos operativos y gestionar adecuadamente las cargas de trabajo.
Actualmente, el Perú cuenta con 16 feriados nacionales, considerando los últimos que se incorporaron en 2021 y 2023.
Para ello, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) plantea que los feriados que caigan entre martes y jueves se trasladen al lunes más cercano, mientras que los que coincidan viernes se mantengan ese mismo día, propuesta que ya cuenta con el respaldo de la Comisión de Trabajo del Congreso, gremios empresariales y de trabajadores. Cabe añadir que esta lógica ya opera en economías como Colombia, Estados Unidos y Argentina, donde varios feriados son trasladables al lunes más cercano.
No obstante, cuando estos feriados se ubican a mitad de semana, las empresas deben reorganizar turnos, reuniones, entregas y procesos operativos, lo que puede afectar cadenas de suministro y generar costos adicionales, incluyendo una sobretasa del 100% cuando se requiere trabajar durante un feriado sin descanso sustitutorio.
“La medida no debería evaluarse únicamente por el número de feriados, sino por la forma en que permite ordenar el calendario y anticipar sus efectos. El objetivo debe ser combinar previsibilidad para las empresas con un descanso efectivo para las personas”, señala Andre Robilliard, VP General Counsel y Head of Integrity & Compliance LATAM de Adecco.
Evitar el “efecto acordeón”
Robilliard advierte que los fines de semana largos podrían generar un “efecto acordeón”: una mayor intensidad de trabajo antes del feriado para cerrar pendientes y una nueva presión al retorno para recuperar ritmo, atender acumulaciones o cumplir compromisos con clientes.
Para evitarlo, las empresas deberían planificar las cargas de trabajo con anticipación, evitar deadlines artificiales en semanas reducidas y distribuir las tareas de manera equitativa. También será importante definir previamente coberturas, responsables y prioridades.
Si la medida avanza, Robilliard recomienda revisar las políticas internas de descansos y turnos, actualizar los sistemas de nómina, asistencia y control de jornadas, y comunicar con anticipación qué días serán feriados, cómo funcionarán las coberturas y cómo se reconocerá el trabajo realizado.
También será clave diferenciar los feriados nacionales de los días no laborables compensables —que sí requieren recuperación de horas— para evitar aplicar esquemas que no correspondan. La recomendación es preparar un calendario anual integrado, validarlo con las áreas críticas y comunicarlo antes de que comiencen los ciclos de planificación de personal.
Una oportunidad para atraer y retener talento
El nuevo esquema también podría convertirse en un elemento de la propuesta de valor para los trabajadores. Para Robilliard, los fines de semana largos pueden contribuir al bienestar y, por esa vía, influir en la atracción y retención de talento, especialmente en un mercado donde el equilibrio entre vida laboral y personal tiene un peso creciente.
No obstante, estos beneficios no sustituyen una propuesta integral de empleo. Deben acompañarse de liderazgo de calidad, oportunidades de desarrollo, condiciones competitivas y reglas equitativas para quienes trabajan en operaciones continuas.
“Un buen calendario solo genera valor si también mejora la forma en que se organiza el trabajo”, concluye Robilliard.
Impacto en sectores y trabajadores
Los beneficios de esta medida podrían ser especialmente relevantes para turismo, comercio y servicios, sectores que pueden capturar una mayor demanda durante los fines de semana largos.
En cifras del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), la experiencia reciente muestra este potencial: durante Semana Santa de 2026 se movilizaron 1.9 millones de viajeros, con un gasto aproximado de 228.5 millones de dólares; para el Día del Trabajo se proyectaron 955,000 turistas y 136 millones; y en el feriado de San Pedro y San Pablo, 936,000 turistas y 130 millones. La construcción también podría beneficiarse de una mayor previsibilidad para coordinar cronogramas, proveedores y disponibilidad de personal.
Sin embargo, actividades de operación continua como salud, transporte, seguridad, hotelería y determinados servicios industriales deben mantener cobertura durante los feriados. Asimismo, los trabajadores informales no necesariamente acceden al descanso remunerado ni a la protección económica asociada a un feriado nacional.
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(FIN) NDP/GDS/JJN
Publicado: 6/10/2026