Suplemento La Crónica Universitaria: el fotógrafo que se resiste al olvido

Desde hace 47 años, Alejandro Ortiz trabaja en la plaza de Armas de Lima fotografían a las personas. (*)

El fotógrafo Alejandro Ortiz suma más de cuatro décadas retratando a los visitantes del Centro Histórico de Lima.

El fotógrafo Alejandro Ortiz suma más de cuatro décadas retratando a los visitantes del Centro Histórico de Lima.

09:19 | Lima, jun. 2.

Estudiante: Johana Romaña Reyes 
Centro de estudios: Universidad César Vallejo

A las diez de la mañana, cuando la plaza de Armas empieza a llenarse con la presencia de turistas, escolares y otros visitantes, Alejandro Ortiz Guisado ajusta su cámara. Camina y se detiene frente a los transeúntes. Pregunta, “¿le tomo una foto? Se la imprimo y se lleva un bonito recuerdo”. 

A lo largo del día, mientras la Catedral de Lima refleja la luz solar, él busca el mejor ángulo para capturar el arte barroco, las torres neoclásicas o la fachada de la arquitectura colonial, y perpetuar las sonrisas de quienes se detienen frente a su lente en una ciudad donde cada vez menos personas imprimen fotografías y prefieren tomarlas y guardarlas directamente en el teléfono celular.

La plaza de Armas es más que su lugar de trabajo. Es un escenario donde se cruzan historias: escolares que ríen, turistas que se maravillan con la arquitectura limeña, y vecinos de la ciudad que, entre la rutina, se detienen un instante para posar frente a su lente.

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Alejandro Ortiz es fotógrafo en el centro de Lima desde 1979. “Mi primer contacto con la fotografía lo tuve de muy niño”, comenta. Lleva más de 47 años recorriendo las calles con el equipo colgado al hombro. Ahora lleva la cámara a un lado y la impresora portátil al otro, además de papel fotográfico y marcos con los que entrega retratos al instante. 

Aunque ha trabajado en distintas provincias del Perú e incluso fuera del país, siempre vuelve al mismo punto: el corazón de Lima, a la plaza de Armas, donde su oficio persiste.

La historia de este fotógrafo limeño refleja la capacidad de superar los límites. Enfrentó la escasez de recursos, la competencia de la fotografía digital y la indiferencia de quienes creen que imprimir fotografías ya no tiene sentido. 

Sin embargo, el señor Ortiz sigue adelante, convencido de que su trabajo es valioso. En cada jornada demuestra que la perseverancia es parte de la identidad peruana, esa fuerza que permite levantarse temprano, caminar la ciudad y ofrecer, con humildad y dedicación, un recuerdo que trasciende el instante.

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A través de su cámara, Alejandro Ortiz ha sido testigo de los cambios tecnológicos: empezó ofreciendo fotografías en blanco y negro cuando el recuerdo se guardaba en papel. “En aquellos tiempos no había [rollos a] color, así que sacaba las fotos en blanco y negro”, recuerda. 

Con los años llegó el color, y con él una Lima distinta, más acelerada y cambiante. Su trabajo también se transformó, pero nunca dejó de acompañar a la ciudad, creciendo junto a ella, disparo a disparo.

Recuerda que cuando empezó tener una cámara era casi un lujo reservado para pocos. “Era algo muy tecnológico y asombroso para la época”, dice con una sonrisa. 

Sus primeras herramientas fueron cámaras analógicas pesadas, de las que debía cuidar cada rollo como si fuera oro. Aprendió a revelar en cuartos oscuros y a calibrar la luz con paciencia, convencido de que la fotografía era más que un oficio: era un puente hacia la memoria. 

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Con el tiempo, se adaptó a cada avance. Pasó de aquellas máquinas antiguas a modelos más modernos, y hoy carga una Nikon que le permite imprimir retratos al instante. Para él, la tecnología nunca fue una amenaza, sino un aliado que le permitió seguir ofreciendo recuerdos tangibles en una era en la que todo parece volverse digital.
En una época en la que la mayoría prefiere guardar sus recuerdos en el celular, Alejandro Ortiz permanece en la plaza de Armas de Lima ofreciendo retratos impresos, apostando por la imagen que se puede tocar y guardar. Mientras las fotografías digitales se pierden entre miles de archivos, él continúa inmortalizando momentos en la Ciudad de los Reyes.

Cuando el sol se va, Ortiz guarda sus implementos de trabajo. Lima continúa con su ritmo acelerado, pero él, con un solo disparo, congela un instante y ofrece a las familias la posibilidad de recordar esos momentos durante toda la vida.

Porque cuando Alejandro Ortiz dispara su cámara, no solo congela una sonrisa, atrapa un instante que se vuelve eterno. Sus fotos no son archivos que se pierden en una ‘nube’, sino objetos que viajan en bolsillos, carteras y álbumes familiares. Cada retrato que entrega es una chispa de permanencia en medio del ruido de la ciudad. Desde la Plaza de Armas de Lima, él recuerda que la memoria también puede ser sencilla: un pedazo de papel que parte de nuestra vida.

(FIN) JRR/JVV

(*) El suplemento La Crónica Universitaria es una apuesta del Diario Oficial El Peruano y la Agencia de Noticias Andina para poner en valor los textos de periodismo narrativo elaborados por estudiantes de las diferentes universidades de todo el país.



Publicado: 2/6/2026