Señor de los Milagros: tres historias de fe y esperanza lo esperan en el Hospital Almenara

Tres mujeres, tres batallas médicas y una sola plegaria: la fe de volver a abrazar a los suyos

Señor de los Milagros: tres historias de fe y esperanza lo esperan en el Hospital Almenara. Foto: ANDINA/Difusión.

Señor de los Milagros: tres historias de fe y esperanza lo esperan en el Hospital Almenara. Foto: ANDINA/Difusión.

12:15 | Lima, oct. 18.

Hay momentos en los que una habitación de hospital se convierte en un santuario. Esas madrugadas en las que el dolor aprieta y las palabras no alcanzan, la fe se transforma en el único refugio. En los pasillos del Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen de EsSalud, donde la ciencia lucha día a día por salvar vidas, este 19 de octubre la devoción viste el ambiente de morado.


Anita, Rosa y Elida no solo comparten un diagnóstico o una bata de hospital; sino una oración entre los labios y una razón poderosa para seguir adelante: la esperanza de sanar y volver a casa. 

Anita y la promesa de ver crecer a su hijo


Anita María Mamani Zapata tiene 29 años, pero lleva más de dos décadas aprendiendo a resistir. Tenía solo nueve años cuando su infancia se pausó por culpa de una cardiomiopatía hipertrófica. Mientras otros niños corrían en el patio, Anita aprendía a medir sus pasos junto a su madre, entre consultas médicas y ahogos que le impedían comer, hablar o caminar. Su corazón era tres veces más grande que el de cualquier niña de su edad. 

A los 17 años, cuando la vida parecía cerrarle las puertas, la gestión de EsSalud y el Incor le permitieron viajar a Estados Unidos para recibir una cirugía a corazón abierto y un desfibrilador automático que mantendría su ritmo vital. 

Hoy, once años después, Anita volvió a quirófano para cambiar la batería de ese dispositivo que le devuelve la vida. Antes de entrar a sala, no hubo miedo, solo una conversación íntima con su protector: “Diosito, aquí vamos de nuevo”.


Su fe en el Señor de los Milagros nació en la infancia, cuando su madre le enseñó a participar en novenas y rosarios. “Yo creo que Dios siempre me acompañó, siempre estaba ahí conmigo”, recuerda.

Aunque de niña no imaginaba que llegaría a ser madre, a los 22 años descubrió que estaba embarazada cuando tenía casi seis meses de gestación. Israel nació por cesárea a los siete meses y se convirtió en su mayor motivo para mirar hacia el futuro. Hoy, a sus ocho años, es la razón por la que Anita desea seguir adelante.

“Lo que más pido al Señor de los Milagros es que me siga dando vida para poder acompañar a mi hijito. Es muy pequeño y no quisiera dejarlo solito”, susurra Anita, mientras aprieta las manos con la certeza de que el Cristo Moreno jamás la ha dejado. 

Rosa y Elida encuentran en la fe fuerzas para seguir adelante


Para Rosa González de Lovera (68), natural de Pisco, la fe ha sido el ancla en los tres años más difíciles de su vida. Diagnosticada con una extraña enfermedad inflamatoria que atacaba sus cartílagos, las últimas semanas previas al paso de la procesión le devolvieron la respiración: las evaluaciones médicas descartaron los peores escenarios.


Con los ojos iluminados por la gratitud hacia Dios y hacia el equipo médico que la sostiene, Rosa solo piensa en el reencuentro. A miles de kilómetros de la angustia, la esperan sus tres hijos y siete nietos. “Me siento feliz de tener a un Dios que todo lo puede”, afirma con una sonrisa que borra cualquier huella de cansancio.

Muy cerca de ella, Elida Huamán, docente y vecina de Zárate, en San Juan de Lurigancho, espera una nueva intervención tras sufrir una hemorragia severa y una complicación infecciosa que la llevó a cuidados intensivos. Desde hace aproximadamente un año y medio, afronta una herida que continúa drenando porque su organismo no toleró una malla quirúrgica.

Su fe se fortaleció con la recuperación de su segunda hija, quien sufrió una lesión en el brazo durante el parto. Elida recuerda que, durante la Semana Santa, la pequeña comenzó a moverlo, un avance que vivió como un milagro. Años después, cuando su propia salud se complicó, aquella experiencia volvió a darle fuerzas. “Es un milagro de Dios que estemos vivos, que estemos sanos”, reflexiona.

Este 19 de octubre, cuando la anda del Cristo Moreno avance frente al Hospital Almenara, las miradas de Anita, Rosa y Elida se cruzarán con la imagen morada desde sus ventanas en la explanada del nosocomio.

Detrás de cada historia de tratamiento, cada intervención y cada monitoreo, hay historias humanas que conmueven. En el Hospital Almenara, el compromiso médico se abraza con la calidez humana y el respeto a la fe de cada paciente. 

Para Anita, Rosa y Elida, el paso del Señor de los Milagros no es solo una tradición: es el recordatorio susurrado al oído de que, mientras haya vida y amor por la familia, siempre habrá una razón para volver a empezar.

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(FIN) NDP/LIT


Publicado: 18/10/2026