A una hora de Tarapoto, entre el imponente río Huallaga y los paisajes verdes que abrazan el Parque Nacional Parque Nacional Cordillera Azul y el Área de Conservación Regional Cordillera Escalera, se encuentra Chazuta, un pueblo donde el barro conserva la memoria de generaciones enteras y donde el arte sigue latiendo como parte de la vida cotidiana.
En este rincón amazónico, reconocido por su tradición ceramista y su profunda riqueza cultural, vive Willian Ojanama Sangama, uno de los principales guardianes de la identidad cultural chazutina y figura emblemática del centro cultural Wasichay.

Desde niño, Willian creció rodeado de música, tradición y creatividad. Nació hace 47 años en el barrio de Pasiquihui, dentro de una familia donde el arte formaba parte natural de la vida diaria. Su padre, Indalicio Ojanama Panaijo, era reconocido en el pueblo por su talento interpretando la quena, mientras que su madre, Ercilia Sangama Pizango, destacó como una extraordinaria ceramista proveniente de la comunidad de Canayo, ubicada a orillas del Huallaga. Entre sonidos ancestrales, barro húmedo y enseñanzas familiares, Willian aprendió desde muy pequeño el valor de las costumbres de su pueblo y el significado profundo de preservar la memoria cultural.
Con el paso de los años, se convirtió en uno de los rostros más representativos del turismo cultural de Chazuta. Actualmente trabaja como orientador turístico en el centro cultural Wasichay, donde recibe a visitantes nacionales y extranjeros interesados en descubrir los secretos de la ancestral cerámica amazónica. Sin embargo, su trabajo va mucho más allá de explicar piezas o acompañar recorridos. Willian se ha transformado en un verdadero transmisor de identidad, alguien que comparte con orgullo la historia de su pueblo y motiva a las nuevas generaciones a valorar sus raíces.

En cada recorrido por Wasichay, no solo se exhiben urnas funerarias, vasijas ceremoniales y piezas decorativas elaboradas con técnicas ancestrales. También se revive la memoria colectiva de Chazuta a través de relatos, música, bordados tradicionales y trabajos de cestería que han resistido el paso del tiempo. Allí, Willian enseña a los jóvenes la importancia de mantener viva la lengua quechua, respetar las expresiones artísticas tradicionales y comprender que la cultura no pertenece al pasado, sino que sigue construyéndose día a día.
Patrimonio Cultural de la Nación
La cerámica de Chazuta, reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación, representa una de las expresiones artísticas más importantes de la Amazonía peruana. Sus diseños, colores y símbolos reflejan la relación espiritual entre el ser humano y la naturaleza, además de narrar historias transmitidas de generación en generación. Por ello, en el marco del Día Internacional de los Museos, celebrado cada 18 de mayo, Wasichay se convierte en un espacio imprescindible para quienes desean acercarse a la esencia cultural de San Martín.
Cada rincón del centro cultural despierta admiración. Los visitantes no solo observan objetos antiguos; también escuchan historias ancestrales, conocen técnicas tradicionales y descubren cómo el arte puede convertirse en una herramienta de resistencia cultural frente al olvido. Recorrer Chazuta significa caminar por calles tranquilas, navegar por las aguas del Huallaga y conversar con artistas y sabios que mantienen viva una herencia milenaria.
El ingreso a Wasichay tiene un costo accesible de 10 soles para adultos y 5 soles para niños, pero la experiencia ofrece mucho más que una visita turística. Representa la oportunidad de conocer el esfuerzo de hombres y mujeres que defienden su identidad cultural y transmiten conocimientos ancestrales a las nuevas generaciones. En tiempos donde muchas tradiciones desaparecen silenciosamente, Willian Ojanama Sangama demuestra que el arte todavía puede convertirse en memoria, educación y esperanza. Su historia confirma que la cultura permanece viva cuando existen personas dispuestas a compartirla con orgullo y amor por su tierra.
(FIN) JQC