Por Dany Seminario Coronado¿Se imaginan un mundo donde la educación de calidad llegue a cada rincón, los choferes puedan volver seguros a casa y el cáncer tenga cura? Ese es el futuro que Safrys Valenzuela Reinoso imagina en “Kay Pachata Yanapaq”, el cuento que la convirtió en la única peruana entre los 20 ganadores del premio “Macondo sí tiene quien le escriba”, organizado por la Fundación Gabo, del escritor colombiano Gabriel García Márquez.
Con apenas 11 años, Safrys sueña desde las cuatro hojas de su cuento con un futuro donde ningún niño tenga que limitar sus aprendizajes por el lugar donde nació, con calles más seguras para las personas que salen a trabajar y con médicos capaces de encontrar la cura para enfermedades como el cáncer.
Natural de Abancay, en el departamento de Apurímac. Creció con sus padres y abuelos. Su madre, Rhosalyns Reinoso Huamán (39), es bióloga egresada de la Universidad San Antonio Abad del Cusco, mientras que su padre, Juan Franks Valenzuela Carrasco (39), es ingeniero civil.
A los tres años aprendió a leer y desde entonces los libros se convirtieron en parte de su vida. Cuando su madre realiza las actividades de la casa o trabaja y no escucha ningún ruido, sabe inmediatamente lo que eso significa: su hija está concentrada con un libro entre sus manos.
"Cuando ella tenía dos años de nacida comenzamos juntas a leer. Cuando ya ha crecido, uno de los libros que disfrutamos bastante era Cien años de soledad, de García Márquez. Cada día, después de almorzar, nos sentábamos en la sala e iniciábamos leyendo poco a poco. Y ahora, al estar en la ciudad donde nació, es un sueño para ella y para mí", narró la madre a la Agencia Andina.
Cuando cumplió los seis años, Safrys encontró un tablero de ajedrez con sus piezas entre los objetos guardados en una habitación de la casa de sus abuelos. Mediante la práctica, terminó ganando varios torneos: regionales, nacionales, sudamericanos, panamericanos e incluso quedó en tercer lugar en el Campeonato Mundial de Panamá 2022.
Hace dos años y medio, la familia dejó su tierra natal para mudarse a Lima. Sin embargo, no ha perdido el vínculo. Hoy cursa virtualmente el sexto grado de primaria en una institución educativa de Abancay, mientras que, por las tardes, profundiza en Lima sus cursos favoritos, entre ellos Geometría, Física, Química, Trigonometría y Biología.
Macondo sí tiene quien le escriba
Más de 2000 chicos de Iberoamérica (22 países de América y Europa) postularon al concurso de "Macondo sí tiene quien le escriba", de la Fundación Gabo. Entre los 20 niños seleccionados, Safrys es la única peruana. Se enteró de esta noticia un sábado mientras almorzaba con su mamá, luego de regresar de rendir un examen.
"Siendo sincera, no tenía altas expectativas de ser elegida para ganar este premio. Pero cuando me llamaron y me dijeron que había sido seleccionada, salté de alegría. Luego me enviaron un correo donde me decían que iba a visitar Colombia, sobre todo Aracataca, ciudad donde vivió Gabriel García Márquez", contó muy emocionada.
Cada año, el concurso que está dirigido a chicos de entre 10 y 13 años, cambia su temática y plantea una interrogante. Safrys quería participar desde los ocho, pero tuvo que esperar hasta los diez. Cuando finalmente podía hacerlo, los asuntos académicos no lo permitieron. Esta vez fue diferente: pocos días antes del cierre de la convocatoria, comenzó a escribir “Kay Pachata Yanapaq”, frase en quechua que significa “La que sirve al mundo”.
La pregunta de esta edición era: ¿Cómo será el mundo que nos tocará vivir? Safrys respondió desde sus propias experiencias y convirtió su historia en una mirada que ayude a construir el futuro. La educación, la inseguridad y la salud aparecen entre sus preocupaciones, pero también su familia, su perrita Suertuda y una de sus grandes pasiones: el ajedrez.
"Escribir es una experiencia muy bonita porque vas recordando cosas. Cuando uno lee, llega un momento en que se termina toda la historia; pero cuando escribes, uno mismo decide hasta dónde llevar la historia y cuando culminarla", narró.
El Macondo de Safrys
Así como García Márquez describió Macondo, Safrys retrató en su historia su propia tierra natal. Desde sus ojos, Abancay es una ciudad donde el tiempo camina despacio y las montañas dibujan el paisaje y adornan el cielo. Es un lugar de buses pequeños, donde las distancias parecen cortas y todos se conocen. Y cuando alguien muere —algo que, según cuenta, no ocurre con frecuencia—, la ciudad entera guarda silencio.
"Cuando alguien fallece, que es algo poco frecuente, sabemos quién fue. Una banda a eso de las tres de tarde empieza a tocar, con una melodía triste y alegre a la vez, acompañan al muerto hasta el cementerio", comenta la niña abancaína en su cuento.
De esta manera, Safrys reflexiona sobre el tiempo, personificado en Chronos, una figura de la mitología griega. Pero el tiempo no es la única preocupación que atraviesa su relato. Su mirada también se traslada a las calles de Lima, donde observa la realidad de los choferes de transporte público, amenazados por la extorsión y la violencia.
"Cuando veo un bus, cierro mis ojos e imagino que una luz amarilla los protege, pido por todos y que lleguen sanos al terminar el día, a sus casas. Cuando matan a uno, siento que si llovieran flores azules", reflexiona en su cuento, donde se pregunta si las autoridades hacen su trabajo para lograr la paz en las calles.
Su historia también habla de Suertuda, la perrita que más que una mascota fue su compañera durante sus primeros años de vida y a quien perdió tras una batalla contra el cáncer. Tiempo después, Safrys leyó sobre las ratas topo desnudas y su particular resistencia a esta enfermedad. Desde entonces, sueña con que la ciencia permita a los seres humanos vivir más tiempo, como una manera de evitar el dolor de perder a quienes uno ama.
Así, el futuro de “Kay Pachata Yanapaq” reúne las preocupaciones mediante la cosmovisión de una niña que ha observado su entorno y las convierte en esperanza: educación para todos, ciudades más seguras y una ciencia capaz de enfrentar enfermedades que hoy parecen invencibles.
Un sueño hecho realidad
Safrys se encuentra viviendo un sueño. De leer grandes obras de Gabriel García Márquez, como Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, El amor en los tiempos del cólera, El general en su laberinto, La mala hora y La hojarasca, ahora se encuentra conociendo algunos de los lugares que marcaron la vida del escritor colombiano.
Como parte del premio de esta tercera edición, visitó Aracataca, ciudad donde se encuentra la casa en la que vivió García Márquez y que inspiró parte del universo de Macondo. Su visita también incluye Santa Marta, Barranquilla y Cartagena de Indias, lugares que ahora forman parte de una experiencia que, para Safrys, parece sacada de las páginas de uno de sus libros favoritos.
Pero no es lo único que ha soñado. Confiesa que, al egresar del colegio, desea ingresar a la facultad de medicina de alguna universidad para convertirse en doctora, donde pueda conocer el mundo de las cirugías, un campo desde donde podrá ayudar a muchos pacientes.
"Me gusta la idea de trabajar en un hospital, tratar con personas, ingresar a cirugías. En sí, me gusta ayudar a las personas y conocer más sobre el trato humano. Por esas cosas, me interesa la medicina humana", finalizó.
A los 11 años, Safrys ya aprendió que las historias también pueden ser una forma de imaginar el mundo que queremos. En “Kay Pachata Yanapaq” escribió sobre una sociedad más justa, segura y saludable; ahora, mientras recorre los lugares que inspiraron a uno de sus escritores favoritos, la niña peruana comienza a escribir su propia historia.
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(FIN) DSC/RRC
Publicado: 9/9/2026