La precisión de sus muros de piedra, la ausencia de mortero en sus principales construcciones y un avanzado sistema de manejo del agua convierten a Machu Picchu en una de las mayores expresiones de la ingeniería de la civilización inca, que edificó una ciudadela en lo alto de los Andes peruanos sin recurrir al hierro ni al acero.
Así lo destaca un documental elaborado por el canal National Geographic History, que resalta los conocimientos técnicos y la capacidad de planificación de los antiguos incas para construir un complejo arquitectónico adaptado a un terreno montañoso y expuesto a los movimientos sísmicos.

La ciudadela, situada en la región Cusco, es reconocida por el ensamblaje de sus bloques de piedra, trabajados para encajar con gran precisión. Esta técnica de construcción en seco permitió levantar muros sin necesidad de utilizar mortero como elemento de unión.
Muros que desafían los sismos
Una de las características más notables de Machu Picchu es la disposición de sus piedras, algunas de formas irregulares, que se ajustan entre sí y permanecen en su lugar gracias a su geometría, su peso y la distribución de las cargas.
Este tipo de construcción contribuye a la resistencia de las estructuras frente a los movimientos sísmicos. Durante un terremoto, los bloques pueden experimentar pequeños desplazamientos y volver a asentarse, lo que reduce el riesgo de que los muros se fracturen como estructuras rígidas.
La técnica es conocida como mampostería de piedra en seco. Aunque suele asociarse con el término ashlar, este último se refiere específicamente a bloques de piedra labrados, generalmente regulares, por lo que no describe por sí solo todas las técnicas de cantería empleadas por los incas.
Los constructores también aprovecharon las características naturales del terreno para integrar edificios, terrazas y muros a las laderas de la montaña. Esta planificación permitió adaptar la arquitectura a un entorno complejo y aprovechar los recursos disponibles.
En el especial se resalta, asimismo, la increíbe ingeniería hidráulica de Machu Picchu que permitió captar, conducir y distribuir el agua para atender las necesidades de sus habitantes.
Sus fuentes, canales y obras de drenaje formaban parte de una planificación que aprovechaba el agua y ayudaba a controlar su circulación por el complejo.
A ello se suman las terrazas agrícolas, que contribuyeron a aprovechar las pendientes, conservar el suelo y reducir la erosión. Estas estructuras fueron fundamentales para la gestión del paisaje y la estabilidad de los terrenos sobre los que se levantó la ciudadela.
La combinación de arquitectura, drenaje y manejo del agua evidencia que la construcción de Machu Picchu no se limitó a levantar edificios monumentales, sino que requirió una comprensión integral del entorno geográfico.
Tecnología moderna para estudiar las ciudades antiguas
Los conocimientos de la ingeniería inca también son objeto de nuevas investigaciones mediante herramientas tecnológicas. La serie documental Lost Cities with Albert Lin, de National Geographic, explora sitios arqueológicos mediante técnicas de escaneo y tecnologías como LiDAR.
Este sistema utiliza pulsos de luz láser para medir distancias y generar representaciones detalladas del terreno. En arqueología, permite identificar características de la superficie y posibles estructuras que pueden pasar inadvertidas durante una inspección convencional.
En el episodio dedicado a Machu Picchu, el científico y explorador Albert Lin recorre los Andes peruanos para investigar los orígenes de la ciudadela y buscar evidencias de ocupaciones anteriores a la civilización inca. La producción combina exploración de campo, arqueología y herramientas de visualización tridimensional.
El empleo de estas tecnologías amplía las posibilidades de estudiar el paisaje arqueológico y comprender cómo las sociedades antiguas ocuparon y transformaron su entorno.
(FIN) MAO
Publicado: 26/10/2026