Por Dany SeminarioEn una galería del Mercado Central de Lima, entre puestos de venta de productos diversos y pasillos estrechos, funciona un consultorio improbable: una clínica donde los juguetes rotos tienen segunda oportunidad. Allí trabaja Wilfredo Velásquez, uno de los últimos reparadores de juguetes de la ciudad, un oficio casi extinto que se mantiene vivo gracias a la paciencia, la técnica y la memoria afectiva de quienes se niegan a desecharlos.
Wilfredo tiene 56 años y desde hace más de tres décadas ejerce un oficio poco común: es el “doctor” que devuelve la vida a juguetes dañados por el tiempo y el uso. Nacido en el centro poblado de Huanchac, en Huaraz, Áncash, creció en una familia con muchas limitaciones económicas y sin la posibilidad de tener juguetes propios.
Estudió para técnico electricista en un instituto de Huaraz que hoy ya no existe y, a los 19 años, viajó a Lima en busca de mejores oportunidades. Pese a contar con estudios, fue complicado conseguir trabajo en la capital, por lo que decidió mejorar su formación, esta vez en la carrera de Electrónica, en el Centro de Educación Técnico-Productiva (Cetpro) Gamor.
En diálogo con la Agencia Andina, narró que abrió la clínica arreglando radios, televisores, relojes y otros aparatos electrónicos para la casa, narró a la Agencia Andina. "Tuve la oportunidad de que en noviembre de ese mismo año se presentaron un montón de juguetes para reparar y allí fue donde decidí especializarme en este oficio", dijo.
Como si se tratara de una sala de emergencias, Wilfredo atiende a todo tipo de “pacientes”: dinosaurios, muñecos y peluches que llegan “malogrados”, algunos en estado crítico. Allí, entre herramientas y repuestos, cada caso es evaluado con paciencia y precisión antes de pasar a la “operación” que les devolverá la vida.
"Todo se hace con amor, todo se resuelve”, repite Velásquez, mientras revisa y analiza circuitos complejos, engranajes y cables como quien evalúa un diagnóstico antes de entrar a la sala de operaciones. Algunos pacientes requieren apenas una “cirugía ambulatoria”.
Es el caso del Sheriff Woody, el vaquero de la saga Toy Story de Disney-Pixar, un muñeco que había dejado de hablar por una falla electrónica. Tras revisar contactos y cables, la voz volvió en cuestión de minutos. Otros, en cambio, demandan intervenciones mayores, como los juguetes importados que llegan con voltaje de 110 y deben ser adaptados al valor peruano (voltaje de 220).
Esta muñeca me recuerda a mi hija
Uno de los casos que más recuerda Wilfredo es la de una muñeca antigua que estaba completamente deteriorada y que su dueña de 70 años le pidió que la repare a cualquier costo. "No era un juguete cualquiera, sino que perteneció a su hija que había fallecido", contó.
La intervención tomó una semana e incluyó “tratamientos” como limpieza, cambio de ropa y reconstrucción del cuerpo. La muñeca salió de la clínica convertida en un objeto restaurado, pero, sobre todo, en un símbolo de memoria y afecto.
La mayor afluencia de “pacientes” llega en noviembre y diciembre, durante la campaña navideña, cuando carros, nacimientos, muñecos y juguetes electrónicos llenan la repisa de su consultorio en el jirón Cusco 640, ubicada en el cuarto piso de la galería Mercado Central, puesto 4265.
Wilfredo atiende de lunes a sábado y, en temporada alta, todos los días. Así, entre destornilladores y repuestos, este doctor sin bata ni estetoscopio sigue realizando cirugías silenciosas que devuelven movimiento, sonido y, sobre todo, ilusión a niños y adultos.
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(FIN) DSC/RRC
Publicado: 22/1/2026