La celebración del Inti Raymi, la apoteósica Fiesta del Sol que constituye la mayor festividad del mes jubilar del Cusco y una de las más importantes del calendario turístico peruano, nos invita a conocer cómo esta solemnidad forma parte de la identidad y enorgullece a los cusqueños. También nos permite apreciar los elementos que representan la cosmovisión inca y andina que son la esencia del legado cultural que se mantiene vivo en el tiempo.
Para empezar, hay que destacar el origen de la celebración del Inti Raymi, que se remonta al siglo XV, durante el gobierno del inca Pachacútec, quien instituyó esta festividad en la ciudad de Cusco, capital del Tahuantinsuyo.

El Inti Raymi era una tradición religiosa-cultural, que se celebraba cada solsticio de invierno, entre la última semana junio y la primera de julio, que indicaba el inicio del año agrícola, una actividad clave para la economía y el desarrollo del creciente imperio inca.
Los incas denominaban Apu P'unchao o Apu Inti al dios Sol, en cuyo honor y culto fue consagrada esta fabulosa pleitesía a fin de que favorezca las cosechas y garantice la alimentación de la población del Tahuantinsuyo.

En ese entonces, la festividad duraba 15 días, en los que había danzas y sacrificios de animales ofrecidos a la máxima divinidad de la civilización inca.
El día de la inauguración de la ceremonia, el Inca salía del palacio hacia la plaza Auqaypata o Plaza del Guerrero (hoy la Plaza de Armas del Cusco), con un séquito de más de 300 miembros de la élite inca llamados Orejones porque portaban grandes aretes dorados.

Para el Inti Raymi llegaban al Cusco alrededor de 50,000 personas procedentes de todos los dominios del imperio y ser parte de esta solemne celebración.
En 1572 el virrey Francisco Álvarez de Toledo (1515-1584) prohibió esta y todas las celebraciones incas por considerarlas ceremonias paganas y contrarias a la fe católica. Sin embargo, se continuó celebrando en ciertos lugares de manera clandestina, lo que permitió que este legado cultural se mantenga en el tiempo.
Celebración contemporánea
La propuesta de celebrar la Fiesta del Sol comenzó en 1943, cuando un grupo de intelectuales del Instituto Americano de Arte, liderado por el historiador Humberto Vidal Unda, ideó instituir un día festivo para el Cusco.

En ese entonces, el Día del Indio, instituido por el gobierno de Augusto B. Leguía, se celebraba el 24 de junio, pocos días después del inicio del solsticio de invierno. El Día del Indio fue renombrado luego como Día del Campesino, lo que se mantiene hasta la actualidad.
Tras intensas gestiones ante las autoridades gubernamentales, el 8 de enero de 1944 se resolvió celebrar, cada 24 de junio, el Día del Cusco y también la reinstauración para la cultura universal de una de las más grandes fiestas del imperio incaico: el Inti Raymi.

El 24 de junio de 1944 se escenificó por primera vez la versión contemporánea del Inti Raymi en la fortaleza y actual Parque Arqueológico de Sacsayhuamán y tuvo como invitado de honor al entonces presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche.
El quechuista Faustino Espinoza Navarro, quien dio vida en esta primera escenificación de la Fiesta del Sol a Pachacútec, considerado el inca más glorioso en la historia del imperio inca e instaurador de la magna festividad, se encargó de escribir el guion inicial de la escenificación del Inti Raymi.

En aquel entonces se conformó un Comité Central Ejecutivo del Día del Cusco, que elaboraba el programa de festejos e incorporó una gran función de gala, almuerzos de honor y festivales deportivos, así como una feria agropecuaria e industrial y la exposición de artes plásticas.
En la actualidad, la organización del Inti Raymi está a cargo de la Municipalidad Provincial del Cusco, a través de la Empresa Municipal de Festejos del Cusco (Emufec).

Existe una colección de alrededor de 300 trajes con los que cuenta la organización encargada de escenificar esta apoteósica ceremonia inca.
Alrededor de 750 a 800 actores participan en la escenificación del Inti Raymi.
La imponente ceremonia del Inti Raymi tiene una duración aproximada de siete horas y se desarrolla en tres escenarios: La explanada del templo de Qoricancha, la Plaza de Armas y el Parque Arqueológico de Sacsayhuamán.
La primera escenificación se realiza en la verde explanada del templo de Qoricancha, que en quechua significa Cerco de oro porque sus paredes interiores estaban revestidas de láminas de oro y que fue construido por mandato del inca Pachacútec para rendir culto al dios sol.

Con la conquista española, se edificó la iglesia y el convento de Santo Domingo sobre las bases del templo de Qoricancha.
El segundo escenario de la Fiesta del Sol es la Plaza de Armas, que durante el imperio incaico se llamaba Auqaypata o Plaza del Guerrero, donde la ceremonia se desarrollaba íntegramente la ceremonia, en medio del gran ushno o plataforma ceremonial.

-La ceremonia central tiene lugar en el Parque Arqueológico de Sacsayhuamán, palabra quechua que puede traducirse como “sáciate halcón”. Se trata de una fortaleza construida íntegramente en piedra, a una altitud de 3,555 metros sobre el nivel del mar, a un kilómetro de distancia del barrio cusqueño de Qolqanpata.
Los actos que en este imponente escenario se desarrollan son el emplazamiento ceremonial, el Informe de los 4 Suyos o regiones: Antisuyo, Chinchaysuyo, Contisuyo y Collasuyo.
Patrimonio Cultural
Tras más de tres décadas de celebración y dada su creciente importancia mundial como la festividad cultural más representativa del Perú, el Inti Raymi fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación y Acto Oficial y Principal Ceremonia Ritual de Identidad Nacional, el 3 de marzo de 2001, mediante la Ley N° 27431.
Identidad y orgullo cusqueño
A lo largo de estas ocho décadas de celebración, el Inti Raymi se ha convertido en un emblema de identidad que enorgullece a la población cusqueña por todo el conjunto de elementos culturales que confluyen en esta festividad y en las otras celebraciones durante el mes jubilar de Cusco.

Esta manifestación cultural no solo honra el legado ancestral, sino que también educa a la población local ya los visitantes nacionales y foráneos sobre la cosmovisión incaica, permitiendo que su espiritualidad y conocimiento se mantengan vivos en el tiempo.
Cosmovisión inca y sus símbolos
La cosmovisión inca está llena de símbolos que expresan la conexión íntima entre el ser humano, la naturaleza y lo divino. Estos símbolos, cuidadosamente integrados en cada ritual, reflejan una visión del mundo en la que todos los elementos, desde el sol, la tierra, el fuego y los ciclos de la naturaleza, estén interconectados, permitiendo que la comunidad viva en armonía con el entorno y respete el equilibrio natural.
Los símbolos de la cosmovisión inca expresados en la celebración del Inti Raymi son:
El Sol o Inti es el centro de la vida y la deidad suprema en la cultura inca. El sol no solo provee luz y calor, sino que también es considerado el protector y el origen de toda vida. La figura del Inca, como representante de Sol, reafirma la legitimidad de su autoridad y su vínculo con lo divino.

La Luna o Mama Quilla es complementaria a la energía solar. La luna simboliza el equilibrio, la feminidad y la fertilidad. En la cultura inca, la dualidad entre el sol y la luna expresa la armonía necesaria para el buen funcionamiento del universo.
La Pachamama o Madre Tierra representa la tierra como un ente viviente y sagrado, fuente de alimento y también de sustento. Los rituales en honor a la Pachamama buscan garantizar la fertilidad de la tierra y el equilibrio ecológico, recordando a la comunidad la importancia de cuidar el entorno natural.

El fuego es un elemento emblemático de la transformación y la purificación. El fuego simboliza el renacer y la renovación. En el contexto del Inti Raymi, la flama sagrada representa la continuidad del ciclo solar y la esperanza de un nuevo comienzo.
Las hojas de coca y la chicha de jora son ofrendas que en el Inti Raymi adquieren un rol ritual muy importante. La hoja de coca, considerada sagrada, se utiliza para establecer una conexión con lo divino y obtener visiones, mientras que la chicha de jora, bebida fermentada a base de maíz, simboliza la abundancia y la vitalidad, siendo un medio para compartir y celebrar la vida.

La dimensión espiritual del Inti Raymi va más allá de la recreación histórica. Durante la ceremonia, cada gesto, cada ofrenda y cada palabra tiene un significado profundo que parece trascender en el tiempo y conectar a los participantes con lo místico.
La espiritualidad del Inti Raymi se vive intensamente en el ambiente que se genera durante la festividad. La música, las danzas y la narración de antiguos mitos contribuyen a crear un espacio sagrado donde la comunidad se une para celebrar su identidad cultural. Cada ritual tiene como propósito fortalecer los lazos entre los individuos y con la tierra, recordándoles la importancia de vivir en sintonía con todo lo que hay a nuestro alrededor.

Esta conexión espiritual no solo es un homenaje al dios Sol, sino también una forma de introspección y renovación personal. En el acto de participar en el Inti Raymi, los participantes encuentran un espacio para meditar sobre el significado de la vida, la interdependencia con el medio ambiente y la responsabilidad de preservar las tradiciones que forjan su identidad.
(FIN) LZD/MAO
JRA
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Publicado: 18/6/2026