Marilyn Keyth Huamán Méndez aún intenta asimilar la noticia que cambiará su vida. A sus 23 años, la joven huancavelicana alcanzó el primer puesto en Medicina Humana en la universidad de San Marcos, un resultado que corona seis años de preparación y sacrificios cuando las dificultades económicas y los problemas familiares parecían truncar sus planes.
La noticia la encontró en un hospedaje de Jesús María, donde descansaba junto a su madre tras rendir el examen de admisión, en cuya carrera 4,000 postulantes se disputaban solo 54 vacantes. Llegó el día y, tras culminar la evaluación, se sintió segura de que ocuparía un puesto en la universidad, pero no imaginaba que sería en el primer lugar, con 1,776.750 puntos.
“Llegué cerca de las 8:00 a. m. a la Ciudad Universitaria de San Marcos para entrar con tiempo. Al salir, vi a mi mamá esperándome y lo primero que le dije fue: ‘Mami, me fue bien, me fue bien”, dijo a la agencia Andina. Por la noche sintió una mezcla de sorpresa, alegría y orgullo al comprobar que había alcanzado la vacante que tanto anhelaba.
No se trataba únicamente de ingresar a una universidad. Para Marilyn, el resultado representaba la recompensa a una etapa en la que tuvo que organizar sus tiempos entre el estudio y el trabajo, afrontar las preocupaciones de su familia y aprender a continuar pese a los comentarios de quienes dudaban de sus posibilidades.
“Me sentí muy feliz, muy orgullosa de mí, porque todo el esfuerzo que uno hace se ve en el examen. Vale la pena realmente haber estudiado, haberme esforzado, no haberme rendido, haber dejado de lado las frustraciones, las humillaciones o los malos comentarios de personas cercanas”, contó.
La joven de 23 años recordó que, desde niña, observaba por televisión los procesos de admisión de San Marcos. Con el tiempo, esta casa de estudios se convirtió en una meta personal, totalmente inamovible. Ahora, después de varios años de estudio, comienza su nueva etapa como sanmarquino y estudiante de Medicina.
Una vocación por experiencia personal
Cuando Marilyn tenía 12 años vio a su padre sufrir en una cama de hospital. Su familia no pudo hacer nada para salvarlo, según dijo, de una negligencia médica. Aquella pérdida dejó una huella profunda y se convirtió en una de las razones por las que decidió seguir adelante con su vocación.
“Jugaba siendo doctora, estudiar Medicina era algo que me fascinaba. La negligencia que pasó con mi papá me motivó, pero no quiero ser una más del montón. Estudiaré mucho para ser una mejor profesional”, expresó con firmeza y emoción.
Ahora que consiguió ingresar a Medicina Humana en San Marcos, Marilyn ya piensa en las especialidades que podría seguir durante su formación. Una de las áreas que despierta su interés es la anestesiología, aunque reconoce que todavía le queda un largo camino de aprendizaje antes de tomar una decisión definitiva.
Por el momento, su prioridad es adaptarse a la vida universitaria, estudiar y prepararse para responder a las exigencias de la carrera. Sabe que alcanzar una vacante es apenas el comienzo y que deberá mantener la disciplina que le permitió llegar hasta allí.
Estudiar y trabajar a la vez
El camino de Marilyn hacia San Marcos estuvo condicionado por las posibilidades económicas de su hogar. La joven es la menor de ocho hermanos y creció en el barrio San Cristóbal, en Huancavelica. Después de perder a su padre, encontró en su madre una figura fundamental para continuar con sus planes.
“Mi mamá fue un gran apoyo. Desde ese instante fue padre y madre para nosotros”, dijo mirando a los ojos a su madre. Dos de los hermanos de Marilyn también requieren cuidado: uno vive con epilepsia y otra con discapacidad intelectual leve. Estas circunstancias, explica, hicieron más difícil destinar recursos a su preparación académica.
Pagar una academia, cubrir los gastos de inscripción y sostenerse durante el proceso de preparación no fue sencillo. En determinados momentos tuvo que estudiar por su cuenta y trabajar para contribuir con los gastos familiares. La preparación no transcurrió de manera continua ni estuvo libre de preocupaciones.

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En medio de las dificultades, aparecieron voces que cuestionaban la posibilidad de ingresar a una universidad tan exigente como San Marcos. Marilyn cuenta que algunas personas de su entorno le hacían notar que muchos de los ingresantes procedían de Lima, una situación que llegó a generarle dudas, pero que no la hizo abandonar su propósito. “Me decían ‘¿qué vas a ingresar allá’. La mayoría de ingresantes son de Lima. Pero yo misma me decía 'sí puedo’”, contó.
La ayuda de sus familiares más cercanos también resultó decisiva. En esta última etapa, una academia la apoyó con la inscripción para rendir el examen de admisión, un gasto que no podía ni imaginarse con sus escasas posibilidades económicas. Ese respaldo le permitió cumplir su sueño.
Poco tiempo y mucha concentración
La preparación de esta joven de 23 años se basó en comprender los temas, más que en pasar muchas horas frente a los libros. Aprovechaba el tiempo disponible para estudiar con concentración y resolver los ejercicios con mucha dedicación.
“Lo diferente es que, aunque le dedique pocas horas, tal vez un día que ha sido muy cansado para mí y tengo un poco más de tiempo, hago lo posible por entender ese tema. Me esfuerzo para resolverlo, pero todo a conciencia”, manifestó.
Su preparación también implicó reducir las salidas con sus amistades y perder contacto con algunas personas de su entorno. Aunque fue una etapa difícil y frustrante, mantenerse enfocada en su meta le permitió superar los comentarios negativos y alcanzar el resultado esperado.
Amor de madre
La felicidad de Marilyn tiene un nombre y un rostro: el de su madre. Cuando perdió a su padre, a los 12 años, encontró en ella un apoyo incondicional. Por eso, al conocer los resultados, una de las primeras personas con las que quiso compartir la noticia fue quien la sostuvo durante los momentos más difíciles de su preparación.
Marilyn narró que ella y su madre estaban en el hospedaje cuando llegó el momento de ver los resultados del examen de admisión. Cuando vio el "alcanzó vacante" al costado de su nombre no pudo creerlo. De inmediato, le dijo a su madre: "mami, adivina". Doña Eudocia Méndez Yalli, de 60 años, le preguntó: "¿ingresaste o no ingresaste?", recuerdan ambas entre risas.
Ahora, la joven debe pensar en cómo establecerse en Lima para continuar sus estudios. Su primera opción es postular a la residencia universitaria de San Marcos, con la esperanza de acceder a un espacio que le permita reducir los gastos de alojamiento y alimentación.
También reconoció que todavía le cuesta asimilar lo que ha conseguido. Aunque está emocionada, la dimensión de su logro recién comienza a tomar forma mientras imagina cómo serán sus primeras clases y la experiencia de estudiar en una universidad que anhelaba desde niña.
Desde Huancavelica hasta Lima, su historia reúne una vocación nacida de una experiencia familiar, el esfuerzo de una joven que estudió mientras trabajaba y el respaldo de una familia que asumió un papel decisivo en su vida. Ahora, tras conseguir una vacante en Medicina Humana en San Marcos, Marilyn inicia una etapa en la que espera convertir aquella aspiración de infancia en una profesión al servicio de los demás.
Publicado: 27/10/2026