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Fecundación in vitro: la esperanza de muchas mujeres para alcanzar la maternidad

Testimonio de una mujer que luchó y sufrió sin descanso para tener sus hijos

Familia Huaraca Sánchez. Foto: ANDINA/Carlos Lezama

Familia Huaraca Sánchez. Foto: ANDINA/Carlos Lezama

13:07 | Lima, may. 14.

Escribe Azucena Romaní

Los mellizos "Alo" y "Ale" o Alonso y Alexander son dos niños vivarachos, inquietos y traviesos que están por cumplir los nueve años de edad y son toda la razón de vivir de Beatriz Sánchez, una mujer de 52 años que conoció el dolor y que luchó durante mucho tiempo para convertirse en madre y lo logró gracias a la fecundación in vitro, sacrificio que - dice- valió totalmente la pena.

Su historia es un homenaje a todas aquellas mujeres a las que se le cierran los caminos para traer hijos al mundo pero que se niegan a aceptar ese designio pasivamente. 

La soledad y la depresión la acompañaron durante mucho tiempo. Fueron dos años de lágrimas constantes por la terrible noticia que escuchó al despertar de la anestesia cuando fue operada de un embarazo ectópico. "Pobre chica, tan joven y ya no podrá tener hijos", sentenció un médico del hospital Casimiro Ulloa, donde tuvieron que operarla para salvarle la vida que una fuerte hemorragia estuvo a punto de arrebatarle.

Ella tenía en ese entonces 35 años y después de seis años de relaciones había quedado embarazada de su pareja esporádica Justo Huaraca. El hombre cuando se enteró que ella probablemente no podría tener hijos, comenzó a alejarse.

Juntar hasta el último sol

Un médico del Casimiro Ulloa le hizo ver la posibilidad de la fecundación in vitro, pero le advirtió de su alto costo. La esperanza la hizo recorrer clínicas en busca de una alternativa. La suma de 10,000 dólares le allanaría el camino hacia el anhelado sueño, en momentos en que Beatriz no traía ni un céntimo en la bolsa y en que la pena la consumía.

 

Fue una sobrina adoptiva, una niña apenas de 14 años, su paisana, natural de Puquio, Ayacucho, que la impulsó a salir del hoyo en el que estaba, la motivó a trabajar sin descanso en la venta de lencería y ahorrar hasta el último sol. "Vamos a juntar la plata tía, ya verás", le dijo la jovencita y así fue.

"Trabajamos mucho y cuando me di cuenta ya habían pasado varios años y había juntado 20,000 soles pero además el precio del tratamiento había bajado a 5,000 dólares", recuerda con alegría.

Su hermana Regina la ayudó averiguando en el Hospital Docente Madre Niño San Bartolomé por los servicios de Fertilidad. Hasta allí llegó Beatriz para someterse a todas las pruebas necesarias.

Ahora la otra tarea era convencer al posible padre, quien a  sus 50 años en ese entonces, ya no quería tener hijos por miedo a que vayan a nacer con algún problema de salud. Fue un tire y afloje y hasta la familia de él tuvo que intervenir para que tome una decisión: O Justo Huaraca aceptaba ser el padre o se alejaba definitivamente de Beatríz. No había más.

Entre tanto, el tiempo pasaba y los análisis estaban a punto de caducar, por lo que Beatriz ya analizaba la otra posibilidad que le dio el médico: comprar el semen.

Ya convencido el padre, comenzó la otra historia. Se hizo la fecundación y venía el periodo de reposo absoluto por las varias amenazas de aborto. Pero para Beatriz fue el mejor tiempo invertido, fueron los dólares más maravillosamente usados.

¡¡¡ Son dos!!!

El padre, sin embargo, se asustó cuando supo que eran dos los bebés en camino. La responsabilidad lo abrumaba pero a la luz de los años el abrazo de sus hijos lo convencen cada día que fue la mejor decisión tomada en su vida.

 

Este seis de junio, sus pequeños cumplen un año más de vida y ya cursan el segundo grado de primaria. Justo Alexander, el menor por algunos minutos, sueña con ser una nueva versión de Paolo Guerrero, mientras que el mayor tiene el gran deseo de ser, nada menos que, presidente de la República.

Los Huaraca Sánchez son provincianos muy modernos. No solo usaron un método de reproducción asistida, sino que él dejó su trabajo en confección de calzado para dedicarse exclusivamente al cuidado de sus hijos, mientras la madre trabaja.

"No queremos tener una empleada porque ellas no siempre se preocupan si los niños comen bien o no, y uno de ellos nació un poco delicado, así que debemos cuidar mucho su alimentación", señala. Lo prefirieron así para cautelar la vida y salud de sus hijos, para ayudarlos en las tareas y acompañarlos siempre hasta que ellos sean capaces de emprender sus propios caminos.

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Publicado: 14/5/2017