Por Fabián Vallas TrujilloMariana Escobar, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), evalúa la inseguridad alimentaria y plantea medidas urgentes frente al alto costo de nutrirse y la amenaza del fenómeno El Niño.
En diálogo con El Peruano la vocera del organismo internacional brindó las siguientes declaraciones.
¿Cómo enfrentar el problema de la inseguridad alimentaria en el Perú?
– Varios países africanos y del Caribe, al no tener disponibilidad física de tierras para producir alimentos, dependen de la importación. A diferencia de ellos, el Perú es un productor y exportador neto de suministros, y es considerado una de las despensas alimentarias del mundo. Con esto quiero decir que el problema en el país no es la falta de alimentos, sino el precio de una dieta saludable para el consumidor final.
América Latina es la región más cara del mundo para nutrirse bien, lo cual constituye una enorme paradoja porque es agroexportadora por excelencia, desde Colombia hasta la Patagonia. Esto ocurre porque los productos agrícolas en la región tienen cadenas de distribución muy ineficientes: un alimento realiza viajes muy largos en países como Colombia, Argentina, Chile o el Perú; a diferencia de Europa, donde los circuitos de mercado son cortos, lo que permite que el producto llegue más barato al consumidor.
Ante el impacto del fenómeno El Niño, ¿qué productos se ven más afectados?
– Los cultivos de limón y mango se perjudican por las altas temperaturas, las cuales impiden la floración dentro del ciclo normal de la planta. Por otra parte, la sequía en la sierra tiene un impacto muy fuerte sobre la papa, la quinua y otros granos y tubérculos andinos. Esto no solo afecta al mercado agroalimentario, sino que también golpea a los productores del campo, quienes ya se encuentran en una situación de pobreza muy elevada.
¿Qué medidas se pueden tomar en estos casos?
– Nosotros hemos presentado el informe SOFI, la evaluación conjunta más importante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre el hambre y la malnutrición a escala global. El objetivo es que las personas en mayor situación de vulnerabilidad puedan acceder a una alimentación saludable —basada en frutas, verduras y proteína animal—, que desafortunadamente comprende los rubros que sufren el mayor impacto en sus precios.
Entre nuestras recomendaciones, la primera es apoyar a los productores antes de que llegue el desastre a cada región, entregándoles semillas más resistentes tanto a la sequía como al exceso de lluvias. Por ejemplo, en el Perú, el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) investiga cómo mejorar genéticamente las semillas para que resistan este tipo de variabilidades climáticas extremas.
¿De qué otras maneras se puede ayudar a los productores?
– Hay que ayudar a los productores a tomar mejores decisiones en las campañas agrícolas. Pueden anticipar las cosechas, utilizar semillas más resistentes en zonas propensas a inundaciones o, incluso, aprovechar las áreas anegadas para sembrar cultivos como el arroz. Ese es un conjunto clave de recomendaciones. Asimismo, los Gobiernos latinoamericanos pueden subsidiar la producción o el acceso a frutas, hortalizas y proteína animal. Generalmente, las autoridades a nivel mundial suelen subsidiar solo los granos, pues obviamente el trigo y el maíz son esenciales para la seguridad alimentaria global, pero hoy se requiere ir más allá.
¿Cómo llegar directamente a los sectores más vulnerables?
– Se deben fortalecer los canales de protección social, como los programas de alimentación escolar, con el fin de incrementar el aporte de alimentos frescos que reciben los niños y niñas en las escuelas. Obviamente, un programa de este tipo no puede comprar productos frescos de manera centralizada desde la capital, porque son perecibles y no se pueden almacenar por mucho tiempo; por ello, requiere la participación activa de los gobiernos regionales y locales
Este es un trabajo que la FAO viene impulsando en varias regiones del país desde hace más de diez años. Es un modelo que funciona bastante bien porque, además de nutrir, dinamiza las economías locales y apoya directamente a la agricultura familiar.
¿Cómo enfrentar el encarecimiento de los fertilizantes?
– Dada la situación geopolítica en el Medio Oriente, con el riesgo de cierre o las tensiones en el estrecho de Ormuz, el precio de los fertilizantes se mantiene muy alto. Sin embargo, una recomendación que hace la FAO es no entregar subsidios generalizados para la compra de fertilizantes, porque esto genera una distorsión muy alta en el mercado. Además, los productores terminan aplicándolos sin asistencia técnica, lo cual provoca una mayor degradación de los suelos y genera que los alimentos se cultiven con una sobrecarga de agroquímicos y plaguicidas.
¿Qué tipo de apoyo brinda la FAO a nuestros países en este contexto?
– Deseo hacer una precisión: la FAO no es una entidad de financiamiento; somos un organismo de asistencia técnica especializada. Nuestra principal fortaleza radica en los datos, la información y la evidencia científica que hemos construido durante más de 80 años. El trabajo que realizamos en el Perú es fundamentalmente de asesoría técnica. Si bien no somos un ente financiero y los proyectos que ejecutamos directamente son de menor escala, en los últimos cinco años hemos logrado movilizar más de 40 millones de dólares de cooperación, y actualmente estamos formulando nuevos proyectos para captar recursos de fondos y donantes climáticos.
La innovación es necesaria
En la reciente reunión de la FAO por el Día Mundial de la Alimentación, el debate trascendió el ámbito de las plantas industriales, los laboratorios y los centros de distribución para centrarse en la innovación. El lema de la cita interpela de manera directa a quienes trabajan en la industria de alimentos y bebidas: “Innovar hoy para nutrir mañana”.
Para Mariana Escobar, la innovación resulta fundamental no solo porque permite aprovechar los últimos avances tecnológicos para producir más y mejores alimentos frente al cambio climático, sino porque su propósito también es rescatar los saberes tradicionales.
“El Perú es uno de los países con mayor acervo de conocimiento ancestral. Posee un saber milenario sobre cómo conservar las semillas y cómo gestionar el agua de manera adecuada y eficiente para la producción agrícola”, destaca.Un segundo eje planteado por la funcionaria es garantizar que los suministros lleguen a toda la población:
“Hay que buscar soluciones reales para brindar acceso alimentario a todas las personas, de modo que cuenten con productos suficientes, seguros y nutritivos”.Esta propuesta parte de una profunda paradoja global: aunque el mundo ya produce suficientes alimentos para abastecer a toda su población, alrededor de 645 millones de personas siguen padeciendo hambre y 2,690 millones no pueden costear una dieta saludable.
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(FIN) DOP/GDS/JJN
Publicado: 20/10/2026