“En una gran ciudad como Tokio, o incluso en un pueblo rural,
puedes sentirte muy solo… Cada persona con la que hablé buscaba conexión. Aunque estén pagando por el servicio, encuentran una amistad en esas dos o tres horas que comparten. Y los actores que interpretan a esas personas sustitutas también están 100 por ciento comprometidos en la relación y encuentran su propia
conexión en la comunidad. Los roles pueden ser falsos, pero la emoción es real”, asegura la directora del filme Hikari.
Las familias de alquiler pueden ser un tema controvertido. Pero para muchos, es un servicio que salva las apariencias, ofrece apoyo y llena un vacío, aunque solo sea temporal.
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Hikari, a su vez, señala que la falta de aceptación social de la terapia en Japón también contribuye al auge de las agencias. “La gente prefiere contratar a alguien para compartir sus problemas de manera informal, o sencillamente conversar…
no son terapeutas profesionales con licencia, pero brindan apoyo y perspectiva”, comenta la directora.
“Siempre me pregunto a mí misma: ‘¿cómo puedo como directora ofrecer a la audiencia una perspectiva nueva sobre cómo ver el mundo?’ Porque creo que una manera de hacer del mundo un lugar mejor es contar historias que nos ayuden a comprendernos mutuamente y, en definitiva, a desarrollar un respeto mutuo más allá de nuestras diferencias de origen o cultura”.
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(FIN) CFS/CFS
JRA