Dos figuras unidas levantando el mundo, fundidas en seis kilogramos de oro macizo. El trofeo del Mundial de fútbol fue presentado este viernes en el complejo arqueológico maya de Chichén Itzá en el marco de su gira previa al inicio de la competición.
Realizado en oro de 18 quilates, fue tomado bajo fuertes medidas de seguridad hasta Chichén Itzá, una de las siete maravillas del mundo moderno, en el marco de una gira promocional que ya pasó por ocho ciudades mexicanas.
Proseguirá, hasta mediados de abril, por una docena más de urbes en Estados Unidos y Canadá, países que junto a México acogen el Mundial del 11 de junio al 19 de julio.
"Este símbolo que está aquí atrás es tremendo para México" y esta "es una imagen que va a dar la vuelta al mundo", afirmó el exfutbolista mexicano Hugo Sánchez antes de descubrir el trofeo frente al Templo del Castillo, la principal pirámide escalonada del célebre complejo maya.
Según las reglas de la FIFA, solo los campeones del mundo pueden tocarlo. Fernando Llorente, que se coronó con la selección española en el Mundial de 2010 en Sudáfrica, fue el encargado de sacar la Copa de su urna protectora ante el centenario de selectos invitados, patrocinadores y periodistas reunidos para esta ceremonia privada, realizada antes de la apertura del complejo al alud de visitantes.
Chichén Itzá atrae en el equinoccio de primavera a una multitud para presenciar el "descenso de Kukulcán", la serpiente emplumada.
En estas fechas, la luz del sol al atardecer proyecta unas sombras sobre la escalinata de la gran pirámide que parecen hacer descender a esa deidad maya del cielo a la tierra.
Aquí también se encuentra la mayor cancha del mundo del juego de pelota maya, un ritual religioso surgido en esta zona en torno a 900 aC y antecesor cultural de deportes colectivos modernos como el fútbol, con el que no tiene sin embargo ningún vínculo directo.