Una interrupción tecnológica de 24 horas podría representar un impacto de 120,000 soles para una empresa que deja de generar 5,000 de margen de contribución por hora, siempre que esa actividad no pueda recuperarse posteriormente. El ejemplo, de carácter ilustrativo, evidencia los costos que puede ocasionar la paralización de sistemas críticos ante un evento climático extremo como el fenómeno de El Niño.
Diego Ossa, CEO de SOLA de Stefanini Group, advierte que los efectos de este fenómeno no se limitan a carreteras, infraestructura y redes eléctricas. La pérdida de conectividad, la inaccesibilidad de una sede o la interrupción de un proveedor también pueden comprometer plataformas de pago, sistemas de inventario, aplicaciones logísticas y otros servicios esenciales para las empresas.
“El verdadero desafío no está únicamente en responder a un incidente aislado, sino en mantener la continuidad cuando varias de estas situaciones ocurren simultáneamente”, señala Ossa. Por ello, sostiene que las organizaciones deben evaluar no solo su infraestructura tecnológica, sino también las dependencias con proveedores, servicios externos y personal clave.
De acuerdo con un estudio del Instituto de Estudios Económicos y Sociales de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), el 60% de las empresas industriales considera que sus operaciones podrían verse afectadas por El Niño. Asimismo, el 28% anticipa una interrupción parcial o total y el 55% prevé problemas en el abastecimiento de insumos y materias primas.
Para el ejecutivo, reconocer los riesgos no garantiza que una organización esté preparada para afrontarlos. La capacidad de respuesta depende de identificar los procesos críticos, determinar cuánto tiempo pueden permanecer interrumpidos y establecer alternativas para mantener o recuperar las operaciones.
Los efectos económicos varían según el sector y la duración de la contingencia. En la banca, una falla puede impedir el procesamiento de transacciones y afectar la atención a los clientes; en el retail, interrumpir las ventas, especialmente durante campañas comerciales; en la manufactura, detener líneas de producción; y en la logística, dificultar el rastreo y la coordinación de envíos cuando las vías de transporte están bloqueadas.
En ese contexto, Ossa recomienda calcular el impacto considerando el margen de contribución que se deja de generar, las operaciones afectadas, los costos de recuperación, las posibles penalidades y las pérdidas que no puedan compensarse posteriormente. También advierte que superar un plazo de entrega o perder productos perecederos puede incrementar significativamente el costo de una interrupción.
Entre las medidas para reducir estos riesgos, el especialista destaca la necesidad de contar con alternativas de energía, conectividad, sistemas y almacenamiento de datos. También recomienda mantener respaldos protegidos fuera de las instalaciones expuestas y verificar que puedan restaurarse efectivamente.
Aunque la migración a la nube puede facilitar la recuperación de aplicaciones y reducir la dependencia de una sede física, no garantiza por sí misma la continuidad del negocio. Una aplicación puede seguir dependiendo de una única base de datos, una conexión local o una zona de disponibilidad.
Por ello, Stefanini Group plantea evaluar arquitecturas híbridas que integren infraestructura propia, servicios en la nube y recursos de procesamiento local, de acuerdo con la criticidad de cada operación. Estas soluciones deben complementarse con monitoreo, conectividad alternativa y procedimientos de recuperación probados.
La automatización y la inteligencia artificial también pueden contribuir a identificar comportamientos anómalos, detectar señales tempranas de incidentes y acelerar determinadas respuestas. Sin embargo, su efectividad depende de que existan controles, responsables y protocolos definidos para intervenir cuando sea necesario.
Ante un eventual evento climático extremo, Ossa propone priorizar cuatro acciones:
- Identificar los procesos críticos: determinar qué actividades sostienen los ingresos, la atención al cliente y las obligaciones de la empresa, así como las dependencias tecnológicas y externas que las mantienen operativas.
- Preparar alternativas de recuperación: disponer de respaldos protegidos, fuentes de energía y conexiones alternativas, además de sistemas o ubicaciones de contingencia acordes con las necesidades del negocio.
- Automatizar alertas y respuestas: establecer procedimientos que permitan detectar incidentes y reducir los tiempos de reacción, con controles para evitar cambios que comprometan la operación.
- Asignar responsabilidades y probar los planes: definir quién activa la contingencia, cómo se coordinan las áreas y de qué manera se informa a colaboradores, clientes y proveedores.
El ejecutivo también recomienda realizar ejercicios integrales de recuperación al menos una vez al año y pruebas más frecuentes para los procesos críticos, según el nivel de riesgo y las necesidades de cada organización. Entre ellas figuran las restauraciones trimestrales de información, cuando corresponda.
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Publicado: 24/10/2026