Escribe: José Vadillo VilaCuando hace unos años asistí a una comisión periodística en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), alguien de esta exigente casa de estudios me confirmó con orgullo sobre la conferencia que los futuros nobeles, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, ofrecieron en este ciudad universitaria del Rímac, confirmando lo que se mencionaba en forma legendaria en los patios de letras: los creadores del boom latinoamericano se reunieron en Lima para hablar de la materia que los unía, la novela.
Extraño escenario, digo: la UNI es tan lejana a los cenáculos tradicionales de la cultura letrada para asociarla con conceptos como novela, literatura.
Sin embargo, hay contextos favorables, generados por ciertas personas cuando asumen cargos, que hacen viables este tipo de eventos únicos en una universidad dedicada a las ciencias duras. Y eso pasó en la UNI: José Miguel Oviedo era director de Extensión Cultural de la UNI y fue quien promovió este encuentro en la Facultad de Arquitectura entre dos celebridades literarias en ascenso; dos jóvenes novelistas en vertiginoso ascenso, de quienes se empezaba a hablar en todo el continente -o, para ser más precisos, en el territorio de la Mancha, dixit Carlos Fuentes-.
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Sucedió los días 5 y 7 de setiembre de 1967. En una ciudad de geografía árida y, muchas veces, también, árida a las letras y artes. El libro «Dos soledades. Un diálogo sobre la novela latinoamericana» (2021) escoge este diálogo en dos tiempos, del cual circulaban hasta ayer versiones en fotocopias en las facultades de Letras de Iberoamérica para alimentar el alma de los prospectos de escritores.
¿Por qué resulta tan importante un diálogo de hace cincuenta y nueve años?, se preguntará el amable lector. Primero, hablamos de la única vez en un evento público donde MVLL y GGM sostuvieron un diálogo. En esta conversación con público y micrófonos, están las formas de entender la literatura que marcarán el derrotero del peruano y del colombiano.
Lo maravilloso es comprender esos mundos que se contraponen. Por un lado, MVLL, quien es el entrevistador en esa ocasión, es un creador preocupado en la crítica literaria, en la técnica, en buscar comprender el mundo de la novela desde la racionalidad. Tenían un contexto mundial favorable en el cual hablar de América Latina se volvía relevante (décadas después, Vargas Llosa recordará en una entrevista cómo la revolución cubana permitió este interés universal).
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Lo de Vargas Llosa es una preocupación genuina, presente en la gran mayoría de las preguntas que formula. Luego, se relaja porque comprende -es implícito- que por ese sendero se vuelve fangoso el diálogo con su entonces amigo y colega, Gabriel García Márquez.
En yuxtaposición observamos a GGM. Su novela «Cien años de soledad» acababa de llegar a las librerías en mayo de ese año, y todos querían leerlo. El narrador colombiano deja por sentado -o es lo que pretende en este histórico diálogo- que lo suyo con la literatura va más por la senda de lo instintivo («yo funciono muy poco con la teoría»).
Gabo rehúye -lo cual será una constante en su vida pública- de las preguntas teóricas que le formula el autor de «La ciudad y los perros», aunque después, artistas finalmente, confirmará que está al tanto de lo que escribe sobre él y su obra. Prefiere llevar la conversación al territorio donde se siente seguro: la fabulación.
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Ambos comparten la mirada sobre la importancia que el narrador norteamericano William Faulkner ha tenido entre los escritores (en plural) de esta parte del mundo. García Márquez se pone serio. Lo sintetiza «el método ‘faulkneriano’ es muy eficaz para contar la realidad latinoamericana» (p. 94).
Por el contrario, un momento de tensión se dará cuando MVLL insiste elegantemente en las semejanzas temáticas y de lenguaje, que encuentra entre «Cien años de soledad» y los trabajos previos del Gabo -léase «La mala hora», «El coronel no tiene quien le escriba», «Los funerales de la Mamá Grande»- los cuales «están también contando aspectos parciales de la historia de Macondo», dice Vargas Llosa (p. 91).
Otra tensión se materializa sutilmente cuando MVLL ataca la literatura costumbrista o a autores latinoamericanos de la generación previa. GGM discrepa, y reconoce los valores de estos «abuelos».
Lo más sagrado para Gabo es el lenguaje, el encontrar la forma correcta de narrar una historia. La respuesta más larga y conceptual la elabora cuando MVLL le advierte que desarrolla un lenguaje más sencillo en sus obras previas, pero «hay un gran enriquecimiento en ‘Cien años de soledad’», subraya.
Ese comentario espolea una respuesta rica, donde el colombiano se explaya sobre el impacto de la violencia en Colombia en su escritura; sobre la sinceridad del escritor; o la escritura a partir de problemas que interesan al narrador.
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Una de las cuestiones fascinantes que nos permite redescubrir el libro es que el término «boom de la novela latinoamericana» era tan reciente que solo se menciona una vez y no con la conceptualización que iría articulando en forma posterior.
Tampoco se concebía el concepto de «realismo mágico». García Márquez defendía su obra como «realista», porque es así como los latinoamericanos aprehendemos la realidad. Y marca, explicaba. Admiraba a Jorge Luis Borges, pero marcaba distancia con el «onirismo» que representaba el argentino.
Vargas Llosa difiere en muchas opiniones de su interlocutor, pero comprende su rol de anfitrión y deja de insistir antes de polemizar.
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«Dos soledades» se puede leer de un tirón. Marca el derrotero de estos dos hombres vitales para las Letras universales.
Me quedo con García Márquez subrayando que la buena literatura destruye lo establecido; es decir, que «el escritor siempre está en conflicto con la sociedad». O aquella idea que los escritores pueden tener una ideología, pero esta no debe de interferir con la materia del libro literario.
Fuera de las diferencias, está un respeto y admiración de dos jóvenes camaradas que comparte el fuego de la literatura, la pasión escritural, vista desde dos planos que se complementan.
Un valor adicional de la edición son los textos que complementan el diálogo, desde el lúcido prólogo del colombiano Juan Gabriel Vásquez, y los seis textos que permiten comprender el momento (excelente resumen de Luis Rodríguez Pastor), junto con las dos entrevistas a García Márquez publicadas días previos a la primavera de 1967, a cargo de Alfonso de la Torre (ALAT), en Expreso, y Carlos Ortega, El Comercio. Estos demuestran su gran calidad como entrevistadores y sus recursos narrativos de primera.
También se incluye un dosier fotográfico de esos cortos días de Gabo en Lima. García Márquez se fue de Lima el 11 de setiembre de 1967 y nunca más volvió a Lima, a «esta ciudad espantosa».
Ficha técnica:
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel y Mario Vargas Llosa. «Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina» (Lima, Penguin Random House, 2021). Pp. 151.
(FIN) JVV/JVV
JRA
Publicado: 1/10/2026