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Día Mundial de la Vida Silvestre: conoce a Orlando Zagazeta, el defensor de los animales

En el Día Mundial de la Vida Silvestre conozca al guardaparque que trabaja en San Martín

Conoce a Orlando Zagazeta, el defensor de la vida silvestre en la selva peruana que trabaja como guardaparque en San Martín. ANDINA/Difusión

Conoce a Orlando Zagazeta, el defensor de la vida silvestre en la selva peruana que trabaja como guardaparque en San Martín. ANDINA/Difusión

09:59 | San Martín, mar. 3.

Internado en el bosque de la selva peruana desde el 2009, Orlando Zagazeta Rigel entrega su vida al cuidado de animales silvestres para reintegrarlos a su hábitat. Recibe animales rescatados del tráfico de mascotas, caza ilegal y para múltiples fines.


Orlando es una suerte de “monje zen” que medita en su cocina, y su monasterio congrega a miembros traviesos. Dice estar casado con la naturaleza en un matrimonio que solo la muerte podrá separar.

-¡Pequeños! –grita repetidas veces. 

Es la palabra clave que significa alimento. En turnos separados por breves minutos se acercan monos de distintas razas y coatíes. Los sajinos ya no aparecen al haberse readaptado a su espacio salvaje. Es cuando Orlando llama a comer a los pequeños inquilinos. La escena se repite cinco veces al día: 6.00 a.m., 10.30 a.m., 12 m., 3.30 p.m. y 5.00 p.m.

Son los momentos de mayor alboroto en el centro de refugio de animales silvestres rescatados para su reinserción a su hábitat natural que administra Orlando Zagazeta, un reconocido guardaparque afincado en la Amazonía del Perú.

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Los primates más jóvenes y fuertes cogen con sus pequeñas manos las primeras porciones y se ponen a recaudo para comer. No pelean, respetan las jerarquías. Los que padecen alguna dificultad física o motriz, reciben con mayor precaución sus raciones en platos personales, pero siempre atentos a los movimientos de los demás. Orlando y los voluntarios, cuando permanecen en el lugar, protegen a los más débiles o en situación de desventaja.


Cuatro coatíes, hijos de la fallecida Luna y de un espécimen salvaje, se acercan sin mayor aspaviento, se trepan al tabladillo de los platos servidos y comen tranquilos. Los recién llegados al lugar, encerrados en otro ambiente, con traumas y desconfiados, también comen a la misma hora.

La dieta de los animales es mingado de arroz con leche en polvo y estevia, en las primeras horas del día. Pasadas las diez de la mañana reciben arroz combinado con zanahoria, plátano, naranja, manzana y verduras. Al mediodía comen lo mismo que Orlando, en cantidades menores. Por la tarde, pasadas las tres, otra ración de mingado. Dos horas después reciben un snack que consiste en trozos de fruta o galleta. A las seis todos están durmiendo.

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-Es un suplemento lo que les doy. Ellos comen cada media hora en el bosque porque gastan mucha energía -anota Orlando, su satisfecho liberador y protector.

Las especies que llegan son variadas, en su mayoría recuperadas por la Policía Forestal en operativos o por denuncias de personas preocupadas por su crítica condición.


-No tengo que ser sicoanalista para darme cuenta que esos animales tienen unos traumas terribles. Matan a la madre o al padre que está con la cría, cae el padre, inmediatamente cogen a la cría para comercializarla, se lamenta.

-Mi trabajo consiste en desestresarlos y hacer que el animal se desarrolle en el medio ambiente, afirma.

Recibe de todo, casi todo. Solo una salvedad: loros.

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-¡No me traigan más loros!, ¡los monos los van a desplumar! –lanza una frase al monte restaurado de árboles.

Desde el 2009 es responsable de la fauna silvestre en el sector Tamushal, en la zona de amortiguamiento del área de conservación regional Cordillera Escalera, patrimonio natural ubicado en el departamento de San Martín que administra el Proyecto Especial Huallaga Central y Bajo Mayo, organismo dependiente del Gobierno Regional. La región San Martín dista una hora de viaje en avión desde Lima y veinte horas en autobús.


Cada dos semanas pide por el teléfono satelital a su cargo los víveres básicos para el consumo de los animales y el suyo a una casera vendedora de abarrotes. Los pasantes o investigadores deben aportar un básico de 8 dólares por día durante su permanencia en el lugar, que cubre alimentación y alojamiento. Dos personas transportan el pedido sobre sus hombros a un costo de veinte dólares por dicho trabajo.

Un día al mes abandona a los pequeños para ir a la ciudad más cercana, Tarapoto, a realizar gestiones específicas, cobrar su sueldo y efectuar depósitos bancarios a una ex esposa y a su última hija, estudiante en una universidad limeña. La futura educadora de 18 años lo visita una vez al año en su albergue de readaptación y se lleva de maravilla con los animales. Su primera opción profesional fue Veterinaria.

Para llegar al campamento se camina un promedio de hora y media desde la ciudad citada. Se ingresa por una bocatoma -que abastece de agua potable a varias localidades- sin mayor esfuerzo hasta cierto tramo y empezar el cruce de un riachuelo empedrado de nombre Shilcayo, para dar paso a trayectos más retadores, trepando y bajando partes elevadas de montaña y cruzando otras nueve veces el río normalmente con escaso caudal. Cuando éste aumenta su volumen, la travesía se prolonga por caminos alternos, y si resulta imposible, se regresa al centro a pasar la noche en la jungla y acompañar a Orlando.

Al acercarse al refugio, varios letreros dan indicaciones sobre el comportamiento recomendado. “Prohibido hacer bulla, gritos o silbidos. Es contaminación sonora y altera el medio ambiente”, advierte uno de ellos.


Si los visitantes llegan al centro Tamushal con el respeto recomendado o temor hacia los pequeños primates, éstos se trepan y auscultan cada rincón del cuerpo o los cogotean con sus fuertes colas. Orlando debe proceder con cariñosos regaños para alejarlos, o guarecerse en la cocina convertida en jaula humana. Este espacio está enmallado para que no ingresen los hiperactivos peludos.

Llegó a su actual centro de labores por un proyecto de creación de zoocriaderos de sajinos, el cual no prosperó y terminó como centro de manejo de fauna en áreas de conservación, y el Proyecto Huallaga lo tomó en cuenta hasta estos días. El lugar era un “desierto verde” por las tierras improductivas y desaparición de los animales debido a la caza indiscriminada. “Estamos en una zona perfecta para poder trabajar. Tenemos resultados en liberación de animales”, destaca.

Este campamento es el único lugar de repoblamiento de sajinos en Sudamérica. También se han liberado chosnas, coatíes y pelejos (osos perezosos).

Calcula que desde el 2009 debe haber soltado, entre vertebrados e intervertebrados, aproximadamente 1,200 animales. De ellos, 500 son los sajinos repoblados.

Vive un destierro voluntario hace nueve años en la profundidad del bosque, rodeado de animales salvajes que fueron forzadas a ser mascotas. Pese a dejar su centro de labores una vez por mes, por algunas horas, es un hombre mediático. Su figura se expone en cuentos, polos, es imagen de una asociación protectora de animales, protagoniza variados reportajes en medios escritos y televisivos, así como murales que glorifican su labor. Es un ídolo de la legión de conservacionistas y animalistas. Un hombre de culto. Zagazeta es una marca.


Orlando Oscar Zagazeta Riege nació en Lima, tiene 69 años, bordea el metro 60 de altura, delgado, de piel blanca con manchas marrones, cabello y cejas pobladas de color castaño, la barba con tonos ceniza, marrón y blanco mantienen un crecimiento regulado por la tijera. Frente amplia con arrugas horizontales. Mucha vellosidad en sus brazos y en mínima proporción en sus piernas. Sus extremidades inferiores tienen huellas de picaduras, mordeduras y cortes. Normalmente usa polo y pantalones cortos debido al clima tropical, sandalias de caucho y porta siempre un reloj negro de cuerda de poco costo en su brazo izquierdo. Usa lentes de luna gruesa por su miopía. Fuma con regularidad cigarros marca Campeao, también baratos.

Se ha casado cuatro veces. La última esposa llamada Simone es de nacional holandesa, economista ambientalista con quien lleva seis años de matrimonio.

-Me llevo muy bien con todas y entre ellas hay una buena relación -sentencia con serena sabiduría.

-No tengo mala relación con nadie. No tengo enemigos. Mientras hagas bien las cosas –se define.

Tiene tres hijos, dos mujeres -la mayor casada reside en Alemania- y un varón que estudia Jardinería en Estados Unidos. Son cuatro sus nietos. Habla con fluidez los idiomas inglés y portugués.

En su soledad -aunque sostiene que nunca lo está-, debido a su esporádica convivencia con otras personas y su inusual visita a la ciudad, ha desarrollado un desdén por cuidar su aspecto personal. En su mundo no hay espacio ni tiempo para esas delicadezas. Algunos dientes no restituidos confirman esa cualidad.


Tiene voz ronca, potente, carrasposa. Aguardentosa, dicen los peruanos. Duerme en el interior de una carpa en el otro ambiente para descanso. Su sueño es ligero. Cada dos horas se levanta. Las noches en la selva tienen igual actividad que el día. Los depredadores nocturnos están al acecho. Sale a dar una vuelta al escuchar los chillidos de los monos. En esos trances, se ha encontrado cara a cara con otorongos o víboras deglutiendo ratones.

-Prefiero tenerla como un gato. No puedo ponerle veneno porque hay animales –repara sobre el ofidio. Se ha adaptado al ambiente y se ha integrado a la familia. Le lanza un “hola, como estás”, y continúa su rutina de medianoche.

Sufrió rotura de costillas al subir una escalera, cortes varios, rompimiento de mano cortando leña y picadura de serpiente. Por este caso, debió bajar a observación a una posta médica y le indicaron que debía inyectarse tres veces, una por día, a lo que se opuso rotundamente porque significaba separarse mucho tiempo de sus animales. “Fue una inyección dolorosa. No podía subir y bajar en tres días”. Pese a ello, se conserva bien. “Lo que me puede afectar son mis salidas por las madrugadas con lluvia”.

Es una persona amable, conversadora, convencida de lo que expresa, apasionada por lo que hace. Los últimos visitantes universitarios de la Universidad Complutense lo acompañaron un mes. Vieron en él a un maestro y desarrollaron su admiración y respeto por lo que es y representa.

Orlando se mantiene informado del mundo exterior por diversos canales. El otro guardaparque llamado Moisés que recorre la zona, es su socio ocasional y a quien le confía su facebook personal para saber las novedades familiares y las actividades de la asociación conservacionista Cerelias. Escucha radio por las noches, se comunica con su madre casi todos los días por el teléfono satelital que le proporciona la entidad para la cual trabaja. Un pequeño panel solar mantiene con carga ambos aparatos.

El año pasado Orlando Zagazeta y Cerelias fueron incluidos en los 500 mejores proyectos socio ambientales nominados a los Premios Latinoamérica Verde. Participaron 2,733 proyectos de 38 países.


-Una nominación es un beneficio para la región, para Cordillera Escalera, para los animales, para los estudiantes. Creo que todos ganamos, y eso es lo más importante –admite el esfuerzo desplegado y su reconocimiento. “Lo único que me queda es seguir adelante. Seguir esforzándome más”, afirma.

Ha recibido invitaciones para exponer su experiencia en varios países, las cuales debió rechazar porque no podía dejar su trabajo. “Manejo los animales. No tengo una persona que está cuidándolos, saber qué es lo que les pasa”. Orlando conoce el comportamiento de todos los animales, su estado de ánimo. Niki, una mona araña, con un brazo y cola mutilados, se mostraba apenada porque no podía jugar en su liana desprendida. Junto con los voluntarios la reemplazaron con una soga y la mona recuperó su espíritu juguetón.

Sí acepta ir a las universidades en Tarapoto para dictar conferencia en temas como suelos. Lo escuchan como si estuvieran en frente a una celebridad.

Los guardaparques se encargan de vigilar las zonas protegidas ante las amenazas constantes de tala ilegal y caza furtiva. Su caso es especial, aunque en esencia realiza la misma función. Llegó a enfrentarse a un cazador furtivo del poblado Juliampampa, que se acercó con su perro al campamento con la complicidad de la oscura noche, a quien llegó a sorprenderlo, le arrebató el arma y amenazó con denunciarlo a las autoridades.

El centro de animales silvestres de Tamushal cuenta con tres construcciones de madera. La principal con la cocina y otros dos ambientes, uno para recuperación o cuarentena y otro para enfermería. Otra estructura, a pocos metros, es para el descanso nocturno, y la última y más nueva, para alojar a los animales con problemas de conducta. “Son bipolares”, diagnostica Orlando. A doscientos metros más arriba está la construcción con mejores acabados para alojamiento del guardaparque Moisés y los visitantes.

La cocina como centro de operaciones, es una estructura de madera, un espacio de veinte metros cuadrados con piso de tierra. Allí se guardan los víveres en baldes de plástico de reconocidas marcas de aceite a modo de anaqueles móviles y en cajas de cartón de una galleta popular en el país; los sartenes de chifa, cucharores, cernidor, tabla de picar y otros utensilios están colgados de clavos. Un portaplatos de plástico grande descolorido sobre una mesa junto a otras ollas y en la parte inferior un taper con sal y más ollas. El humo producido por la leña, el combustible de la rústica cocina armada de madera, ha teñido de negro al tacho, ollas y sartenes. Las tazas de lata y porcelana apiladas en clavos en una columna de madera. Los platos blancos también son de lata. Pegados a la pared, dos bancos alargados de madera para los escasos momentos de descanso de los visitantes.

Limpia temprano las grandes jaulas de los animales recibidos que presentan problemas de convivencia. Pone ceniza todos los días para evitar los malos olores. Cada dos días les da microorganismos y hojas que son parte de su dieta diaria. A las tres de la tarde limpia nuevamente las jaulas de los monos. A los animales nocturnos los atiende a partir de las siete de la noche. Alimenta con fruta y leche a dos chosnas heridas, a las nueve y después a las once. Se levanta a las dos de la mañana a realizar un recorrido. “Es la hora más pesada, cuando aparecen los depredadores. He sacado varias veces shushupes”, se refiere a la temida serpiente venenosa de gran tamaño. Si llueve en ese horario, debe llenar el tanque de agua. A las cuatro sale otra vez para la alimentación de las chosnas.

-Siempre estoy en movimiento. No paro –resume su ritmo de trabajo diario.

Los voluntarios que se alternan en el año, colaboran con la limpieza de hojas, recolectar leña y otras acciones menores. La mayoría son jóvenes estudiantes que deben realizarse una serie de análisis médicos para compartir los días con Orlando.

La comida que prepara para su consumo y de los voluntarios e investigadores, es a base de arroz, fideo, papa, menestras y conservas. En el lugar se bebe infusiones de sobre y café molido hervido o café a la olla, como se le dice en estos lugares.

En el 2006 Orlando fundó el Centro de Rehabilitación y Liberación de Animales Silvestres (Cerelias), una asociación sin fines de lucro que permite la visita regular de estudiosos de la naturaleza y animales durante pequeñas temporadas o desarrollar investigaciones. Esta organización ha firmado un convenio con la Universidad Complutense de Madrid para que sus profesionales y estudiantes de la facultad de Ciencias Biológicas realicen pasantías en el lugar.

Cerelias tiene como misión la conservación de la vida silvestre a través del rescate, rehabilitación, adaptación, reintegración y liberación de animales silvestres en su hábitat. Logró el repoblamiento de nutrias en Lago Lindo, en el destino turístico emblema de la región, Sauce.

Orlando siempre es un hombre emprendedor. No posee título universitario, pero la universidad de la vida y ser un trotamundos, le ha dado la sabiduría que no pocos envidian. Conoce sobre madera y agroforestería, es hábil con maquinarias forestales, maneja animales domésticos. Como emprendedor tiene experiencia en promoción turística en el rol de guía turístico y dueño de un centro artesanal en Munichis, poblado ubicado en Yurimaguas, también en medio de la selva. Ha conducido programas radiales sobre fomento de alternativas de desarrollo turístico y protección al medio ambiente. Fue director de agencias agrarias en zonas tropicales del Perú.

En el extranjero, piloteó barcos pescadores de anchoveta, sardina, bonito y atún, catalogó tiburones en Cartagena, hizo de buzo en Islas Galápagos, fue instructor marino en Brasil.

Actualmente tiene planeado crear un centro de investigación en el lugar que ocupa, con señal de internet para mostrar el día a día con los animales, intercambiar experiencias con otros centros de refugio o reintegración de animales. Los investigadores visitantes hallaron con extrañeza que los animales de Tamushal no tienen parásitos.

-Se necesita un laboratorio, una enfermería, una oficina y otros ambientes que brinden las condiciones adecuadas a los estudiantes y profesionales –detalla su proyecto.

El tráfico de animales es el tercer negocio ilegal que más dinero mueve en el mundo. En Perú es práctica común la comercialización de animales de la selva para mascota, de preferencia loros, algunas especies de monos, tortugas, y los más exóticos para venta en el extranjero.

Durante los ocho años que trabajó en el sector Agricultura, hace veinte años atrás, fue testigo de una terrible realidad con los animales en cautiverio y tuvo la visión de rescatar a los animales para regresarlos a su verdadero hogar.

Producto de las estadías en el centro Tamushal, surgieron estudios como el de la primatóloga Paloma Corbí. Una investigación del 2016 presentada en inglés de la Organización para los Nativos y Conservación de la Amazonía - ONCA de Bolivia, se tituló “Enrichment Manual for captive primates in the rehabilitation process” (Manual de enriquecimiento para primates cautivos en el proceso de rehabilitación).

Al inicio del año 2017, la misma investigadora presentó un informe a la asociación Cerelias que comprendió un inventario, especies residentes, dietas y comidas, manejo, seguimiento en el bosque de los animales. Hasta esa fecha se habían atendido veinte animales salvajes heridos, entre ellos, añujes, erizos, puercoespín, manco, chosna, culebra, ardillas, loros, ratones colorados, de pecho amarillo y pecho blanco, murciélagos y tamarinos.

Entre el 2013 y 2017 se había rescatado, rehabilitado y liberado, veinte coatíes, diez ositos mieleros, trescientos reptiles que incluyeron camaleones, boa arcoíris, iguanas; cinco picuros, un armadillo que formó una familia con otro salvaje, un puercoespín, sajinos, cincuenta primates de las especies machín negro, machín blanco, seis pichitos o tamarino común y ocho perezosos. (Marco Hidalgo Murrieta)

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(FIN) MHM/MAO

Publicado: 3/3/2020