La puerta de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del Instituto Nacional de Salud del Niño San Borja se abrió lentamente. A ambos lados del pasillo, médicos, enfermeras y personal de salud aguardaban en silencio con pañuelos y globos blancos entre las manos. Algunos no pudieron contener las lágrimas.
Era el último adiós a un pequeño paciente de 7 años cuya partida, marcada por el dolor, se convirtió en esperanza, pues mientras que su familia enfrentaba la despedida más difícil de sus vidas, tomaron una decisión que nacía desde el amor más profundo: donar sus órganos para salvar a otros niños. racias a este acto altruista, tres pequeños pacientes que permanecían en lista de espera recibieron la oportunidad que tanto anhelaban.
En el Perú, cada 23 de mayo se conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, una fecha que hoy cobra especial significado para Anjali (9), Didier (17) y Jhon (3), quienes recibieron el regalo más valioso y una nueva oportunidad de vida.
Cambio de vidas
Para Didier P. S., de 17 años, la espera parecía interminable. Su historia comenzó en Chanchamayo, Junín, donde vivía junto a sus padres y hermanos. Lo que parecía un malestar pasajero con sangrados nasales, escalofríos constantes y cansancio extremo terminó siendo el inicio de una dura batalla.
Su madre, Danitza Sanchoma Camañari, aún recuerda el golpe emocional del diagnóstico, un síndrome nefrótico. En julio del 2022 llegaron a Lima en busca de tratamiento. Los años siguientes estuvieron marcados por hospitalizaciones, hemodiálisis y una dura lucha contra la enfermedad, incluso contra el covid-19. Sin embargo, una madrugada de febrero llegó la llamada que cambiaría sus vidas para siempre.
Mientras, la vida de Anjali, de 9 años, hoy transcurre entre juegos, sonrisas y sueños. Pero durante años estuvo marcada por el dolor. A los 2 años, una hinchazón inusual alertó a su madre, Esmeralda Valverde Velásquez. Poco después llegó el diagnóstico del síndrome nefrótico. Desde entonces, hospitales, agujas, medicamentos y sesiones de diálisis y hemodiálisis se volvieron parte de su infancia.
Hoy, Anjali ha aprendido a cuidar con dedicación su pequeño riñón trasplantado, toma sus medicamentos, bebe abundante agua y sigue rigurosamente las indicaciones médicas. “Es una niña muy valiente”, dice su madre, mientras observa cada paso de su pequeña, agradecida por esta segunda oportunidad.
Jhon apenas tiene 3 años, pero ya conoce lo que significa luchar por la vida. Junto a sus padres, Jorge Laura Yucra y Lidia Mamani Huanca, dejó Puno para enfrentar uno de los diagnósticos más complejos: hepatoblastoma, un cáncer al hígado.
Entre sesiones de quimioterapia y largas jornadas hospitalarias, la familia se aferró a la esperanza de encontrar un donante. Ese día finalmente llegó. El pequeño recibió un trasplante hepático que hoy le permite seguir luchando.
Sensibilizar a las personas
La directora general del INSN San Borja, la doctora Zulema Tomás Gonzales, expresó su agradecimiento a la familia del pequeño donante por transformar el dolor en esperanza y recordó la urgente necesidad de fortalecer la cultura de donación de órganos en nuestro país.
“Queremos sensibilizar a las familias sobre la importancia de donar órganos para brindar una oportunidad de vida a niños que permanecen en lista de espera”, señaló.
En la actualidad, el INSN San Borja tiene 28 pacientes pediátricos esperando un trasplante: 21 requieren un riñón, dos un hígado y tres córneas. Por su parte, la jefa de la Unidad de Donación y Trasplante, doctora Melva Benavides López, destacó que este acto de amor ha permitido realizar hasta la fecha 117 trasplantes de órganos en el instituto (65 de riñón, 24 de hígado y 28 de córnea).
El INSN San Borja es el primer centro acreditado del Minsa para realizar trasplantes pediátricos de órganos sólidos y tejidos desde el 2017.