Se iniciaron los cuartos de final del Mundial 2026, la etapa donde ya no hay margen de error porque detrás de cada partido hay meses de preparación que no se ven en la cancha, así lo señala Jorge Herrera Chamorro, docente de la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL).
El especialista explica de cómo se prepara hoy un futbolista para llegar a este punto del torneo en su mejor nivel.
“En el alto rendimiento del fútbol ya no basta la experiencia, ahora se trabaja con más ciencia”, señala Herrera.
Hace veinte o treinta años, la preparación de un futbolista dependía sobre todo de su físico, su técnica y el criterio del entrenador. Hoy, detrás de cada selección que sigue en carrera hay también nutricionistas, psicólogos deportivos y especialistas en recuperación, además de equipos que analizan datos para tomar mejores decisiones.
Cada sprint registrado
Chalecos con GPS, anillos inteligentes y otros sensores acompañan a los futbolistas incluso en los entrenamientos, midiendo su carga física, su desgaste técnico y sus decisiones dentro del campo.
Con esa información, los cuerpos técnicos ajustan la intensidad de cada sesión y deciden quién necesita descansar y quién puede exigirse un poco más.
Esto es fundamental en esta ronda, donde los equipos que siguen en competencia afrontan un calendario muy ajustado.
Ahí la prioridad cambia, puesto que no se trata de mejorar capacidades físicas, sino de llegar frescos al siguiente partido. Los jugadores que sumaron más minutos hacen trabajos de recuperación, mientras que los que jugaron menos aprovechan para mantener el ritmo.
Un factor clave
Un ejemplo de esta edición del Mundial es el de la selección de Noruega, que llevó cientos de kilos de alimentos desde su país para que sus jugadores mantuvieran su dieta habitual.
Para José Herrera, conservar los hábitos de siempre también ayuda a que los jugadores compitan con mayor tranquilidad y confianza.
Otro factor que suele pasar desapercibido es el sueño. Herrera señala que ningún chaleco refrigerante ni ninguna tecnología de monitoreo puede compensar una mala noche de descanso, ya que de ahí depende buena parte de la recuperación muscular, la concentración y los reflejos que un jugador necesita en un cierre de partido o una definición por penales.
“Incluso una sola noche de sueño insuficiente puede disminuir la velocidad de reacción, la precisión técnica y aumentar el riesgo de lesión. Ninguna tecnología puede compensar una mala calidad del descanso.”
Sobre el calor, un factor presente en varias sedes de este Mundial, el especialista explica que la adaptación empieza semanas antes del debut, con hidratación y control de electrolitos trabajados internamente.
A esto se suman los chalecos refrigerantes, las bebidas frías y los baños de hielo que suelen verse en las bancas, que ayudan al cuerpo a sostener el esfuerzo cuando las temperaturas son altas.

Un plan a la medida
Otra diferencia frente al fútbol de antes es que ya no todos entrenan igual. Hay una parte del trabajo que se hace en grupo, según el modelo de juego del equipo, y otra que se ajusta de forma individual según la posición, la edad, el historial de lesiones y el desgaste de cada futbolista.
Prácticas comunes hace algunas décadas, como correr largas distancias sin relación con las exigencias del fútbol o hacer un calentamiento genérico, hoy se consideran poco efectivas: cada ejercicio busca tener un propósito específico.
Con los cuartos de final en marcha, Herrera resume así el momento actual del fútbol de alto rendimiento: “El fútbol moderno nos ha enseñado que no se trata de entrenar más, sino de entrenar mejor. Hoy el verdadero rendimiento nace del equilibrio entre la ciencia, la planificación y la experiencia del entrenador y su equipo. La tecnología aporta información, pero sigue siendo el criterio profesional el que transforma esos datos en mejores decisiones.”
(FIN) JSO
Publicado: 10/7/2026