A más de 3,800 metros sobre el nivel del mar, en las alturas de la región Huancavelica, cientos de peregrinos participaron en una ceremonia ancestral para recibir el Año Nuevo Andino, una de las festividades más importantes de los pueblos originarios de los Andes, que marca el renacer del sol y el inicio de un nuevo ciclo agrícola.
El sonido del pututo y las ofrendas de chicha de jora acompañaron los rituales realizados al amanecer, en una jornada cargada de simbolismo y espiritualidad. Los asistentes se congregaron para expresar su gratitud a la naturaleza y renovar sus compromisos con la tierra, los apus o espíritus tutelares de las montañas y las fuerzas que sostienen la vida.

Guillermo Caso Álvarez, participante de la celebración, destacó que esta fecha representa la renovación de la existencia en todas sus formas.
“Estamos festejando la renovación de nuestro sol, de la vida, de los animales y de las plantas. El 21 de junio se vive en el mundo andino el renacer”, manifestó.
Explicó además que esta tradición se remonta a los orígenes de los pueblos andinos y forma parte de una memoria histórica transmitida de generación en generación.
La celebración coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio sur y marca el fin de la temporada de cosechas, así como la preparación de la tierra para un nuevo periodo de siembra. Por ello, uno de los momentos centrales de la ceremonia es el pago a la Pachamama, ritual de agradecimiento mediante el cual se ofrecen diversos productos agrícolas y elementos simbólicos.
“Se hace la ofrenda de todos los productos, primero los originarios y luego los que llegaron de fuera. Se ofrece quinua, papa, oca, coca, así como uvas, naranjas y otros productos. Todo esto es una ofrenda y un agradecimiento a nuestros apus”, explicó Caso Álvarez.
Las ceremonias incluyeron cantos, música tradicional y diversas expresiones culturales que reafirmaron la identidad de las comunidades andinas y su estrecha relación con la naturaleza.

El Año Nuevo Andino se celebra cada 21 de junio con especial fervor en regiones como Puno, Cusco, Huancavelica, Arequipa, Junín y Ayacucho, territorios donde perduran las tradiciones de los pueblos quechuas y aimaras. En estas localidades, miles de personas participan en rituales de agradecimiento y renovación espiritual para dar la bienvenida a un nuevo ciclo de vida.
Más que una festividad, el Año Nuevo Andino constituye una manifestación cultural viva que fortalece la identidad de los pueblos originarios y preserva conocimientos ancestrales vinculados al respeto por la naturaleza y la armonía con el entorno.