La obesidad se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en el Perú, con un impacto creciente en todas las etapas de vida. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estima que, al 2030 más de un millón de menores entre 5 y 19 años podrían presentar obesidad.
En nuestro país, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), indica que el 24.1 % de peruanos mayores de 15 años vive con esta condición. De mantenerse la tendencia, el sistema de salud enfrentaría un incremento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles (ENT), como la diabetes tipo 2, los infartos y los accidentes cerebrovasculares, además, de un mayor costo en tratamientos y hospitalizaciones.
“El impacto de la obesidad no es solo sanitario, sino también económico. Tratar las complicaciones de esta condición resulta mucho más costoso que prevenirla", advierte el Dr. Whilliam Franco, endocrinólogo de Sanitas Consultorios Médicos.
Actualmente, la obesidad es reconocida como una enfermedad crónica por la Organización Mundial de la Salud (OMS) . Esto implica entender que una condición progresiva que altera la forma en que el cuerpo almacena grasa y regula el hambre y la saciedad. “Al igual que la diabetes o la hipertensión, esta requiere control médico sostenido y un enfoque integral”, enfatiza el especialista.
En el marco del Día Mundial de la Obesidad, que se conmemora cada 4 de marzo, el Dr. Franco derriba algunos mitos más frecuentes que aún rodean esta enfermedad y que retrasan su abordaje adecuado:
- “Es solo falta de voluntad”: la obesidad implica una desregulación biológica del sistema que controla el apetito y el gasto energético. Su tratamiento requiere de un enfoque multidisciplinario que puede incluir a endocrinólogos, nutricionistas, psicólogos, especialistas en actividad física, entre otros profesionales.
- “Dejar de comer es la solución”: las restricciones calóricas severas generan adaptación metabólica. El cuerpo reduce su gasto energético y aumenta el hambre, lo que favorece la recuperación del peso perdido. La clave está en implementar cambios sostenibles, como priorizar la alimentación basada en productos no procesados, incorporar ejercicio de fuerza, asegurar un sueño adecuado y la nutrición consciente.
- “El índice de masa corporal (IMC) indica si soy obeso”: el IMC es un indicador útil, pero no distingue entre músculo y tejido adiposo. Desde el punto de vista metabólico, es la grasa visceral abdominal, que se acumula alrededor de los órganos y eleva el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
- “La cirugía o los fármacos son el camino fácil”: estas alternativas no reemplazan los hábitos saludables y deben ser indicadas por un especialista, según la evaluación individual de cada paciente.
De acuerdo con el Dr. Whilliam Franco, detectar la obesidad de manera oportuna requiere de controles médicos regulares. El acceso a planes de salud que incluyan evaluación nutricional, chequeos y acompañamiento especializado permite identificar factores de riesgo antes de que se conviertan en enfermedades no transmisibles.
"Actuar a tiempo y promover hábitos saludables, especialmente en el entorno familiar, es clave para prevenir complicaciones y proteger la salud a largo plazo", concluye el especialista de Sanitas.