El Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (Osinfor) destacó el trabajo que desarrolla la comunidad asháninka Coriteni Tarso en el manejo forestal sostenible de sus bosques y que lo convirtió en su mejor aliado para salir adelante; y afirmó que esta labor puede servir de modelo para la Selva Central.
La entidad no solo resaltó el trabajo de la comunidad Coriteni Tarso sino que también le dedicó una crónica donde detalla el importante trabajo que realizan.

Rodeado de montañas frondosas de la selva de Junín, donde el canto de las aves se mezcla con el sonido
caudaloso del río Tambo, la comunidad nativa Coriteni Tarso, en Satipo, ha aprendido a transformar su destino. Lo que antes era incertidumbre hoy es ejemplo: un pueblo asháninka que emerge como referente en el
manejo forestal legal y sostenible de sus bosques.
Hace 10 años, entre trochas de barro y árboles gigantes, la comunidad iniciaba sus actividades maderables con más dudas que certezas. En ese camino, cometieron algunas infracciones que afectaron sus bosques. La selva era generosa, pero también vulnerable.
“Al inicio no sabíamos cómo realizar la vigilancia correcta de nuestros recursos, los empresarios nos engañaban en el volumen de nuestra madera”, recuerda Brandon Mahuanca Ramírez, joven asháninka miembro del comité de vigilancia, mientras sostiene hojas de coca entre los dedos y observa el basto horizonte de las montañas de su bosque con una mezcla de orgullo y memoria.

El bosque, que siempre fue su hogar, empezó a convertirse en un territorio de riesgo. La falta de conocimientos técnicos no solo afectó sus ingresos, sino que los llevó a recibir dos sanciones que hoy forman parte de su historia como un aprendizaje que lograron revertir.
El temor no era solo económico, era cultural y ambiental. La comunidad comprendió que, si seguían así, podrían perder mucho más que dinero: el control directo de sus recursos, su territorio y su identidad. Cada árbol mal aprovechado era también una amenaza al equilibrio que por generaciones habían protegido.
Aprender para conservar el bosque
Frente a esa amenaza silenciosa, la comunidad tomó una decisión trascendental: aprender. Así, en 2017, inició un cambio de actitud y adoptó nuevas prácticas para el manejo sostenible de sus bosques. En este proceso, contó con el acompañamiento del Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre (OSINFOR), que, a través de la Mochila Forestal, impulsó el fortalecimiento de capacidades con un enfoque intercultural.
Las jornadas de aprendizaje se realizaron en el bosque de la comunidad. Entre hombres y mujeres asháninkas aprendieron a cubicar la madera, registrar en libretas de campo y sobre todo la importancia de extraer sus recursos de forma legal. “Estoy muy contento con el acompañamiento del OSINFOR. Con sus capacitaciones aprendemos nuestro rol principal y, sobre todo, a que no nos engañen”, afirma el jefe de la comunidad, Nelbyn Izaguirres Camaiteri.

Con nuevas herramientas en mano, la comunidad asumió el control directo de la gestión de su territorio forestal. Brandon, ahora con GPS y libreta de campo, recorre kilómetros bajo el sol y la lluvia. “Gracias a los talleres aprendí a cubicar, rellenar libretas de campo ahora vigilo la extracción de las maderas de mi bosque”, cuenta con mucha determinación.
La organización también se fortaleció. Decidieron trabajar con un regente forestal para asegurar la trazabilidad de la madera y proteger los árboles semilleros. “Realizamos el inventario y rastreamos el proceso de extracción legal, siempre protegiendo los árboles semilleros”, explica Brayan Dolores Camargo, ingeniero forestal que acompaña técnicamente a la comunidad.
Gracias a este esfuerzo, la comunidad no solo se fortaleció internamente, sino que también logró consolidarse al formalizar sus acuerdos y negociar en condiciones más justas con empresas externas que aprovechan sus recursos maderables.
Un modelo que crece como el bosque y deja huella
Los resultados no tardaron en hacerse visibles. En los años 2017, 2019, 2024 y 2026, la comunidad superó con éxito las supervisiones forestales. Este último año obtuvo una constancia de cumplimiento de obligaciones, un reconocimiento al esfuerzo por implementar buenas prácticas en el aprovechamiento sostenible de sus recursos forestales. Pero los cambios no solo se ven en documentos.
Hoy, la comunidad Coriteni Tarso, tiene una mejor calidad de vida: carreteras que facilitan el comercio, acceso a internet, infraestructura comunal y nuevas oportunidades en piscicultura y agricultura, es así, que su bosque sigue en pie, y con él, su futuro próspero. “El verdadero asháninka conserva sus bosques, porque en el bosque hay vida y sustento”, dice Brandon, con mucho orgullo.
La experiencia de la comunidad Coriteni Tarso trasciende sus propias fronteras y se proyecta como un mensaje vivo hacia otros pueblos de la selva peruana. “Que otras comunidades aprendan, que se capaciten”, invita el joven líder asháninka con convicción.
Es así, que esta comunidad demuestra que el aprovechamiento sostenible es una práctica que exige compromiso y respeto profundo por la naturaleza. Porque en cada árbol que permanece en pie y en cada decisión tomada con responsabilidad, late una verdad sencilla pero poderosa: cuidar el bosque es, en realidad, tarea de todos.