Compartir gastos es uno de los primeros desafíos financieros que enfrentan las parejas. Sin acuerdos definidos, lo que comienza como una dinámica práctica puede terminar afectando la planificación, el nivel de endeudamiento y la viabilidad de metas como la compra de una vivienda, un vehículo o el inicio de un emprendimiento.
En el Perú, además, existen condiciones estructurales que inciden en la organización económica del hogar. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), alrededor de 3 de cada 10 mujeres adultas dependen económicamente de su pareja o expareja.
Este dato refleja brechas de ingresos y autonomía financiera que aún persisten y que pueden aumentar la vulnerabilidad ante imprevistos. Frente a ello, la corresponsabilidad en los gastos, la planificación conjunta y el conocimiento del comportamiento financiero de cada miembro se convierten en herramientas clave para reducir riesgos.
Para Maurice Prevost, managing director de Equifax – Infocorp, el principal factor detrás de una buena salud financiera conjunta es la capacidad de hablar abiertamente.
“Cuando una pareja quiere dar pasos importantes, como comprar un auto, acceder a una vivienda o iniciar un negocio, el orden financiero y el historial crediticio se vuelven un activo clave”, explica.
“No se trata de restringir gastos, sino de organizarlos. Las celebraciones y los gustos personales pueden darse sin problema cuando existe planificación y la confianza para hablar de estos temas que suelen ser incómodos, pero necesarios”, agrega.
A partir de esa falta de planificación, suelen repetirse ciertos errores que, con el tiempo, generan fricción y presión financiera:
1) Mezclar todo sin definir responsabilidades
Un error común es unificar ingresos y gastos sin establecer reglas claras. Cuando no se define qué gastos son compartidos y cuáles personales, aparecen reclamos implícitos, desorden en el presupuesto y dificultad para evaluar si el esquema realmente funciona para ambos.
La ausencia de acuerdos también impide medir el impacto real de los gastos, como celebraciones o compras impulsivas, que terminan afectando el equilibrio mensual.
2) Asumir compromisos financieros sin evaluar el impacto
En muchas parejas, uno de los miembros asume pagos o deudas pensando que será algo temporal. Sin embargo, estas decisiones suelen extenderse más de lo previsto y reducen la capacidad financiera para otros objetivos.
Cuando los compromisos se acumulan sin una evaluación previa, el margen de error se acorta y cualquier imprevisto puede desestabilizar la economía del hogar.
3) Concentrar las obligaciones en una sola persona
En esta situación, se pierde visibilidad sobre la situación real del hogar y se incrementa la vulnerabilidad ante cambios en los ingresos o aumentos inesperados de gasto.
Además, este esquema suele trasladar todo el riesgo financiero a un solo perfil, lo que puede afectar su historial financiero si se acumulan obligaciones o se presentan retrasos, limitando la capacidad de la pareja para acceder a nuevas alternativas de financiamiento en el futuro.
4) Confundir confianza con falta de control
La confianza es clave en una relación, pero trasladarla sin límites al manejo del dinero suele generar desorden. Establecer presupuestos, topes de gasto y reglas claras no debilita el vínculo, sino que lo protege frente a conflictos innecesarios.
En un entorno donde el comportamiento financiero influye cada vez más en las oportunidades económicas, la organización en pareja deja de ser un asunto doméstico y se convierte en una decisión estratégica.
Más en Andina:
(FIN) NDP / MDV
Publicado: 17/2/2026